Una esplendorosa mañana de domingo, paseaba por un parque con el más pequeño de mis hijos. Al poco tiempo, los sonidos de unas palomas que estaban comiendo en la acera lo invitaron a adelantarse con la intención de alcanzar alguna de ellas.

De repente, su corretear y su alegría llego a su fin. A unos pocos metros había un perro que le miraba fijamente. Mi hijo se detuvo bruscamente, se dio la vuelta y vino corriendo a mi lado y se aferró fuertemente a mi mano. En ese momento se sintió protegido y no tuvo temor cuando vio pasar al perro por nuestro lado sin perturbarse.
 
Esta historia me hace reflexionar sobre nuestro caminar por el mundo, muchas veces separados de la presencia de Dios.

¡Hay tantas cosas que desvían nuestra atención y que nos alejan de Dios! Y sin darnos cuenta, Él queda detrás nuestro viendo a donde queremos llegar.

Y apartados de Dios nos metemos muchas veces en un callejón sin salida.

Toma el ejemplo inocente del niño, que sin pedir auxilio ante el peligro que le representaba la mirada de ese animal, corrió hacia su padre y se cogió de su mano, porque sintió que era el mejor lugar para estar a salvo.

Si sientes que te has alejado de la mano de Dios, HOY es un buen momento para volverte a Él, cogerte de su mano y dejarte llevar por el mejor y único camino. 

Si el temor acecha en el umbral de tu mañana, recuerda la maravillosa promesa que Dios, nos dejo:

“No temas, pues yo soy tu Dios y estoy contigo. Mi mano victoriosa te dará fuerza y ayuda; mi mano victoriosa siempre te dará mi apoyo” Isaías 41,10

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