Del terrible campo nazi de exterminio de Auschwitz se escapó un prisionero a finales de julio de 1941. Como represalia, el jefe del campo designó al azar a diez presos para que murieran en el búnker del hambre. Uno de los señalados, Francisco Gajowiczek, empezó a llorar mientras decía: “¿Qué será de mi mujer y de mis hijos?”.

En ese momento, otro preso (que no era de los elegidos) se adelantó diciendo: “Me ofrezco voluntario para morir a cambio de ese padre de familia. Soy sacerdote católico”.

El preso número 16.670 de aquel campo de exterminio era el padre franciscano polaco Maximiliano Kolbe. Sin comida ni bebida los cuerpos de los diez hombres fueron consumiéndose durante días y días en el búnker del hambre. Al final de la tercera semana solo quedaban vivos cuatro de ellos; para acabar con sus vidas les inyectaron veneno. El último en morir fue Maximiliano Kolbe.

El Papa Juan Pablo II lo declaró santo el 10 de octubre de 1982 con el titulo de “mártir de la caridad”. En la Plaza de San Pedro estaba presente aquel día, con ochenta y un años de edad, el antiguo sargento polaco Franciszek Gajowiczek.

“Nadie tiene amor más grande

que el que da la vida por sus amigos”

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