Los habitantes de un pequeño pueblo se preguntaban por qué el sacerdote desaparecía misteriosamente todos los días a la hora de la comida.

Y, habiéndose reunido, pensaron que tenía misteriosos encuentros con el Todopoderoso, ya que era un hombre muy espiritual. Decidieron, por tanto, que uno de ellos le seguiría cuando se “escapara” para averiguar qué hacía.

Al día siguiente, el hombre encargado de seguirle observó con asombro como se retiraba y se disfrazaba de un pobre mendigo y acudía a la cabaña de un inválido para prepararle la comida y limpiarle la casa. Y otro tanto hacía en casa de una anciana muy pobre.

Cuando el “espía” regresó, los demás le preguntaron con interés: “¿Has visto ascender a nuestro párroco a los cielos?”

-“No” -contestó él-. “Le he visto ascender mucho más arriba”.

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