En cierta ocasión, un niño llamado Domingo Savio le preguntó a un sacerdote:

-“¿Qué tengo que hacer para ser santo?”

A lo que Juan Bosco (así se llamaba el sacerdote), sonriendo le contestó:

-“Es muy fácil: ¡ESTAR SIEMPRE ALEGRE!”

En 1950, tuvo lugar la beatificación de Domingo Savio, confesor de la fe, de catorce años de edad. Su canonización tuvo lugar en 1954.
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