En mayo de 1999, el Papa Juan Pablo II beatificó al Padre Pío de Pietrelcina, un capuchino al que definió como un “fenómeno eclesial”. Más de 160.000 peregrinos llenaron la Plaza de San Pedro en el Vaticano y más de 100.000 visitaron la Iglesia donde está enterrado.

El Padre Pío peleaba casi a diario con el diablo y tenía impresas en sus manos, sus pies y en el costado unos estigmas, o heridas semejantes a las que, según consta en los Evangelios, Jesús recibió durante su crucifixión.

Durante su vida se le atribuyeron diversos milagros relacionados con la curación de enfermedades muy graves.

 

San Pio de Pietrelcina, entró en los Capuchinos con 15 años de edad. Ordenado el 10 de agosto de 1910. Asignado a San Giovanni Rotondo en 1916, vivió allí hasta su muerte. Recibió los estigmas: 20 de septiembre, 1918. Los llevó por 50 años. Entró en la Vida Eterna: 23 de septiembre, 1968. Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999. Canonizado por el Papa Juan Pablo II el 16 de junio del 2002.

“Solo quiero ser un fraile que reza…”

“Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración…

La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios.

Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón…”

(Padre Pío)

El Padre Pío es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo, amado en todo el mundo. Nos enseñó a vivir un amor radical al corazón de Jesús y a su Iglesia. Su vida era oración, sacrificio y pobreza. Alcanzó una profunda unión con Dios.

Famoso confesor: El Padre Pío pasaba hasta 16 horas diarias en el confesionario. Algunos debían esperar dos semanas para lograr confesarse con él, porque el Señor les hacía ver por medio de este sencillo sacerdote la verdad del evangelio. Su vida se centraba en torno a la Eucaristía. Sus misas conmovían a los fieles por su profunda intimidad con Dios. Poseía un ferviente amor por la Virgen María.

DONES EXTRAORDINARIOS:

Discernimiento extraordinario: la capacidad de leer los corazones y las conciencias.

Profecía: pudo anunciar eventos del futuro.

Curación: curas milagrosas por el poder de la oración.

Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.

Perfume: la sangre de sus estigmas tenía fragancia de flores.

 

Llegaban a verle multitud de peregrinos y además recibía muchas cartas pidiendo oración y consejo. Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío no pudieron hacer cicatrizar sus llagas ni dar explicación de ellas. Calcularon que perdía una copa de sangre diaria, pero sus llagas nunca se infectaron. El Padre Pío decía que eran un regalo de Dios y una oportunidad para luchar por ser más y más como Jesucristo Crucificado. Su beatificación fue la de mayor asistencia en la historia. La plaza de San Pedro y sus alrededores no pudieron contener la multitud que asistió a su beatificación. El Padre Pío es un poderoso intercesor. Los milagros se siguen multiplicando.

“Siempre humíllense amorosamente ante Dios y ante los hombres. Porque
Dios le habla a aquellos que son verdaderamente humildes de corazón, y los enriquece con grandes dones.”
   Padre Pío

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