Anda, besa a tus hijos, abrázales, dales afecto y ternura –no dinero–, disfruta y juega con ellos mientras sean niños.

Mañana se habrán marchado de casa.

Anda, atiende, cuida y mima a tus padres, a las personas mayores que quieres.

Mañana no los tendrás. Es ley de vida.

Anda, pon tus cinco sentidos y toda tu alma en el instante que vives y hazlos vivir plenamente a quienes tengas a tu lado.

Mañana quizá ya no esté en tus manos poder hacerlo.

Anda, dí a tu esposo o a tu esposa: que le quieres, que es la persona más importante de tu vida… Date cuenta de lo que eres y tienes hoy… Anda, hazle feliz hoy que puedes.

Mañana quizá sea tarde. Mañana tal vez no podrás. Ya no estaréis el uno o el otro.

Anda, repite a quienes amas aquellas palabras amables o el gesto generoso que tal vez esperan desde hace tiempo.

Anda, regálales hoy lo mejor de ti: tu presencia, tu atención, tu tiempo, tu persona… No sabes si mañana podrás.

Anda, haz lo que haces. Hazlo tan bien como sepas y puedas… y deja el mañana en manos de Dios.

Anda, no desperdicies tu vida ni los valores humanos y cristianos que tienes, que posees…

Hazlos fructificar hoy, porque no sabes si mañana será demasiado tarde.

Santa Teresa de Lisieux tiene un poema que dice: «Para amarte Dios mío/ en esta pobre tierra/ no tengo más que un día/ sólo el día de hoy!…».

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