“Verdaderamente me impresiona el hecho de que nos convirtamos en jueces impasibles de los desórdenes y pecados ajenos, mientras que pasamos por alto los nuestros, que tienen necesidad de un perdón mayor.
Para nuestros pecados somos ciegos, pero para los de nuestro prójimo tenemos la vista demasiado aguda.
Sucede lo contrario con nuestros éxitos: los pequeños los vemos enormes, pero los de nuestro prójimo, por grandes y maravillosos que sean, los vemos pequeños y despreciables.”

(Beato Isidoro de Pelusio  + finales del siglo IV)

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