• Hoy en día hacen falta profetas. No son tiempos fáciles, pero la dificultad no es excusa para ceder ante el desaliento, y para conseguirlo necesitamos personas que nos guíen por el camino de lo concreto. De lo importante.
  • El mundo está lleno de realidades, pero la tinta y las pantallas solo nos hablan de una pequeña parte. Son tiempos difíciles, y más que nunca necesitamos profetas auténticos.
  • Que no llenen las horas con informaciones superficiales o sobre la omnipresente crisis, porque merecemos profetas que nos hablen, también, de lo bueno que está por venir, que rescaten lo importante de entre las marañas de lo banal.
  • Que recuperen su legítima función de ser altavoz de los ignorados. Que informen pensando en las necesidades reales de la gente, que pasan por recibir información, no publicidad.
  • Que luchen por contar la verdad sin temor a ser perseguidos por un ajuste económico. Que atiendan a lo importante.
  • Que griten sin miedo lo que los poderosos de nuestro tiempo no quieren oír y no censuren su propia voz por miedo.
  • Y faltan buenas nuevas. En estos tiempos, más que nunca, hacen falta profetas que hablen de DIOS.
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