Un anciano rey hizo llamar a un ermitaño muy sabio y le dijo:

-Mi buen amigo, quiero que tomes esta caña de bambú y recorras todo el reino. Habrás de entregársela a la persona que consideres la más tonta de todas ellas.

El ermitaño se puso en camino.

Recorrió campos, ciudades y pueblos, pero no halló una persona a la que considerar la más tonta.

Entonces regresó junto al monarca. El rey había enfermado de gravedad. Sus días estaban contados.

Lloroso, se quejaba de esta forma:

-¡Qué desafortunado soy! Toda mi vida acumulando riquezas y ahora ¿cómo haré para llevármelas? No quiero dejarlas, no quiero dejarlas. ¡Tantos esfuerzos para reunir grandes tesoros!

El asceta entregó la caña de bambú al rey.

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