Durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano, un grupo de inexpertos universitarios llegaron a Nairobi (Kenya).

Se preguntaban cómo podrían ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa. Quizá arreglando tejados…, pero no tenían experiencia en construcción. Quizá pintando un colegio… pero no sabían de pintura. Lo que sí tenían claro era su intención de darse totalmente a los demás. Les habían dicho que recibirían mucho más de lo que lograrían dar.

Entraron en contacto con el Tercer Mundo, a través de un alojamiento para niños moribundos de las Hermanas de la Caridad en Nairobi.

Todos entraron en aquella casucha, un tugurio sin muebles, con poca luz. Contrastaban las hamacas llenas de niños enfermos y lloriqueando con los limpísimos trajes talares blancos y azules de las Hermanas de la Caridad, que rebosaban  alegría.

Los universitarios se quedaron bloqueados, en mitad de la habitación. Nunca habían visto nada así. Los jóvenes se esparcieron por las estancias, siguiendo a distintas monjas, que requerían su asistencia.

Una hermana preguntó a una de las chicas que se había quedado allí sin saber qué decir ni hacer: – “¿Has venido a mirar o quieres ayudar?”.

Sorprendida por tan directa pregunta y en estado de sopor, balbuceó: -”A ayudar…”

– “¿Ves a ese niño de allí, el del fondo que llora?”  (Lloraba desconsoladamente, pero sin fuerza).

-” Sí”-

-”Bien, tómalo con cuidado y tráelo. Lo bautizamos ayer”.

La chica lo tomó y notó que tenía una fiebre altísima. El niño tendría un par de años.

-”Ahora tómalo y dale todo el amor que puedas…”

-”No entiendo…” – dijo la chica.

-”Que le des todo el cariño de que seas capaz, a tu manera…” -Y la dejó con el niño.

La joven le cantó, lo besó, lo arrulló… y el niño dejó de llorar, le sonrió y se durmió…

Al cabo de un rato la chica buscó llorando a la hermana: -”Hermana: no respira…”

La monja certificó su muerte: -”Ha muerto en tus brazos… Y tú le has adelantado quince minutos con tu cariño el amor que Dios le va a dar por toda la eternidad”.

Entonces la joven entendió tantas cosas: el cielo, el amor de sus padres, el amor de Jesús, los detalles de afecto de sus amigos…

El viaje a Kenya supuso un antes y un después en su vida.

Todos tenemos “kenyas” a nuestro alrededor para dar amor cada día.

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