Dos amigos atravesaban un bosque intrincado y salvaje en el que no había vestigio alguno de la civilización. De pronto apareció ante ellos un oso hambriento que les salió al encuentro con actitud amenazadora.

Uno de los dos amigos, atropellando al otro, huyó rápido, sin preocuparse del compañero. Procurando su propia salvación, se encaramó rápidamente en un árbol.

El otro, para salvarse, no encontró fórmula mejor que tirarse en tierra, quedándose inmóvil y sin respirar, como si estuviera muerto. Llegó el oso, lo lamió durante un buen rato y, creyéndole muerto, se fue.

Cuando el oso desapareció, el amigo que había subido al árbol, todavía temblando, preguntó:

  • “Cuando se ha acercado el oso, parecía que te estaba hablando. ¿Qué te ha dicho?”
  • “Me ha dicho una sola cosa: que no me fíe nunca de amigos como tú”.

Y tus “amigos” ¿son como el de esta historia?         

Cuántas veces nos rodeamos de “amigos” que no nos convienen. Todos valen para la fiesta pero a la hora de la verdad, en el momento de la prueba, la enfermedad y el sufrimiento,                       

¿quién permanece a tu lado?

Anuncios