Si colocas un halcón  en un cercado de un metro cuadrado enteramente abierto por arriba, el ave, a pesar de su habilidad para el vuelo, será un prisionero.

La razón es que un halcón  siempre  comienza su vuelo con una pequeña carrera en tierra. Sin espacio para correr ni siquiera intentará  volar  y  permanecerá  prisionero por el resto de su vida, en esa pequeña jaula sin techo.

El murciélago, notablemente ágil en el aire, no puede salir de un lugar  nivelado. Si  fuera colocado en un piso completamente plano todo lo que conseguirá hacer es andar de forma confusa y dolorosa, buscando alguna ligera elevación desde donde pueda lanzarse.

Un zángano, si cae dentro  de  un  frasco abierto, permanecerá allí hasta morir o hasta que lo saquen. No puede ver la salida en lo  alto, por eso, insiste en intentar salir por los lados cercanos al fondo. Procurará encontrar  una  forma  de  escapar  donde no existe ninguna, hasta que se destruya completamente de tanto golpearse contra el fondo del frasco.

Existen  personas  que  actúan  como  los  halcones, los  murciélagos  o  los  zánganos: se estrellan obstinadamente contra los obstáculos, sin percibir que la  salida está muy  cerca, justo encima de ellos.

Si en algún momento de tu vida llegaras a  encontrarte  como  un halcón, un murciélago o un zángano, cercado de problemas por todos lados… mira hacia arriba,

                                          ¡Y allí estará Dios para ayudarte!

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