Un sacerdote fue a visitar a un enfermo. Tocó a la puerta pero no le abrieron. Antes de retirarse, tomo su tarjeta, escribió en ella: “Apocalipsis 3, 20″ y la dejo pegada a la puerta.

El lunes siguiente, al contar la colecta del domingo, encontraron en ella la tarjeta del padre. Junto a su cita bíblica habían añadido otra: “Génesis 3,10″

El sacerdote pronto descubrió el buen sentido del humor de su feligrés:

Apocalipsis 3,20: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa…”

Génesis 3,10: “Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.”

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