Una vez un hombre se levantó por la mañana, pero como era tarde no encontró tiempo para agradecer a Dios por la mañana, y dijo que lo haría en el coche, pero sonó su móvil, había un gran atasco y además iba desayunando, por lo que tampoco encontró tiempo para agradecer en el coche y pensó en hacerlo al llegar a la oficina.

Llegó a su oficina pero entre las juntas, las llamadas, los e-mails y los compromisos no encontró el tiempo para agradecer y pensó hacerlo en el almuerzo. A esa hora unos compañeros le invitaron a almorzar fuera y pensó en hacerlo cuando volviera, pero recordó que tenía una junta toda la tarde y parte de la noche.

Al llegar estuvo tan cansado que cayó rendido en su cama y pensó en agradecer la mañana siguiente, la cual no llegó pues tuvo un paro cardíaco durante la noche.

Este hombre llegó al cielo a pedir que lo dejaran entrar pero un ángel que custodiaba la puerta lo buscó en el libro de la vida y le dijo:

“Lo siento pero no puedes entrar, es que hemos estado muy ocupados y no hemos tenido tiempo de inscribirte”

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