Un ciervo se hallaba bebiendo en una fuente, y se deleitaba contemplando su hermosa Imagen en el agua, muy contento de sus grandes cuernos se decía:
 
– ¡Qué hermosos cuernos tengo y que fuertes se ven! – y a la vez disgustado con sus largas y delgadas piernas, admiraba entretenido su imagen; enseguida escuchó los gritos de un cazador y los ladridos de los perros, ya muy cercanos a él; de modo que tuvo que valerse de la ligereza de sus piernas para escapar de sus enemigos. Sin embargo al entrar en el bosque se le enredaron los cuernos en las ramas, y se dijo: 
 
– Y ahora ¿cómo hago para zafarme? No me sirve de nada estos hermosos cuernos – y allí que el cazador lo alcanzó sin ninguna dificultad. 
 
Al verse en tan lamentable situación cambió de parecer y comenzó a alabar lo que menospreciaba antes. 
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