Un día en clase un profesor de Religión dijo a sus alumnos: “El ser humano puede llegar al conocimiento de la existencia de Dios. De hecho tengo aquí mismo la prueba de que Dios existe”.

– ¿De verdad?- dijeron los chicos entre incrédulos y sorprendidos.

– Por supuesto, ¿queréis que os la enseñe?.

– ¡Claro!

Dando al momento bastante intriga, introdujo su mano en el bolsillo y con un gesto solemne extrajo un bolígrafo y levantando el brazo lo mostró a toda la clase.

– Aquí lo tenéis…esta es la prueba…¡Dios existe!

Los chavales le miraban estupefactos pensando que esa mañana no estaba bien. Haciéndose el sorprendido ante su perplejidad les dijo:

– ¿Qué pasa, acaso no lo veis?

– ¡Pues no!- gritaron todos al unísono.

– ¿Cómo que no?. Veamos, lo que tengo en mi mano es un objeto común ¿verdad?

– Pues sí.

– Según mis sentidos puedo comprobar que se trata de un objeto pequeño formado por dos cilindros concéntricos. Si abriese el interior vería que posee una sustancia viscosa de color oscuro y un dispensador en la punta. (Los chicos en ese momento estaban convencidos que padecía un trastorno profundo).

Por mi capacidad de inteligencia y memoria sé que el objeto se llama bolígrafo y que está hecho en un material llamado plástico que no existe en la naturaleza y cuya principal misión es facilitar la escritura.

(Los alumnos, en este momento, estaban intentando averiguar cómo puñetas iba a relacionar todo eso con la existencia de Dios)

– Todo eso me hace sorprenderme y maravillarme de la capacidad del ser humano que es capaz de crear materiales que no existen. Además detrás de ese simple objeto seguro que se encuentra un ingeniero o un diseñador industrial que ha estudiado durante años y años para conseguir la realización de un objeto aparentemente simple pero que resulta genial en su utilidad. Es increíble por tanto el ser humano, su capacidad de esfuerzo, de inventiva, de creación…

(Algunos de los chavales empiezan a darse cuenta de los nuevos matices del discurso)

– El hombre, que gran ser, una simple suma de átomos, que a fin de cuentas son exactamente los mismos que los de una boñiga de vaca – risas – pero con capacidad de crear, de trabajar, de ilusionarse, de proyectarse a sí mismo en el futuro…

Pero, un momento, si tan solo es una suma de sustancias como los de la boñiga, ¿de dónde le vienen tantas capacidades, tanto poder?, por que a sí mismo no se las ha podido dar, pues entonces todas las boñigas de vaca serían premios Nobel – más risas –.

Es más, ni siquiera sería capaz de crearse a sí mismo, tiene que haber alguien externo a él que lo haya creado y le haya proporcionado todo.

(Casi todos los chavales ya habían pillado por dónde iba).

– Y ese alguien tiene que ser muy poderoso, todopoderoso diría yo, para crear y dar tantos dones a un simple conglomerado de sustancias… y además tiene que ser muy bueno, todo bondad diría, por que si no es así no se entiende como le ha pasado tanto de su propio poder, como hecho a su imagen… la bondad máxima, todo él amor.

(Ya no quedaba nadie que no hubiera pillado la idea).

– Un momento… – se hace el sorprendido con su misma argumentación– un ser todopoderoso, de amor, que ha creado al hombre a su imagen y lo ha dotado de tantos dones… sólo puede ser Dios.

¡Dios existe, es cierto!… ¡y tengo la prueba en mi mano! – y vuelve a levantar el bolígrafo con un gesto parecido al del capitán del Barcelona levantando la copa de Campeón de Europa.

¡Y todo esto a través de la observación de un bolígrafo!

Anuncios