paisajes

Cierto día, un joven nacido en Malta preguntó a los ancianos cuál era el idioma en el que hablaba Dios.
Dios habla en maltés, por supuesto – le respondieron.

Mas el joven no quedó satisfecho con la respuesta. ¿Cómo, si no, entenderían a Dios el resto de los pueblos, si hablaba en su lengua? No contento con eso, decidió salir al mundo a hallar la respuesta. Fue a Italia y le dijeron que Dios hablaba italiano; descontento, fue a Arabia, pero le aseguraron que hablaba árabe; y así con todos los países que visitó.

Abatido por no encontrar una respuesta a la pregunta que le obsesionaba, comenzó a vagar sin rumbo fijo. Una noche, cansado de andar por un desierto, buscó refugio en una pequeña gruta de pastores. En un rincón, junto a unos animales, había una muchacha, con su hijo recién nacido apoyado en el pesebre. El joven se acercó y le susurró:
¿Tú no sabrás qué idioma habla Dios, verdad?

Ella, sonriendo, miró a su hijo y después al joven y le respondió:
– Por supuesto que sí. ¡DIOS HABLA EL IDIOMA DEL AMOR!