En una casa vivían un matrimonio joven y su hija pequeña de 6 años. Vivía también con ellos una anciana de 80 años, madre del padre de familia.

Todo transcurría con normalidad salvo a la hora del almuerzo y cena, en donde la anciana sin querer tropezaba con las cosas, tirando a veces las copas servidas o ensuciando el mantel.

Después de un tiempo, la esposa pidió a su marido que comprara una mesa para poner a su madre separada de donde ellos comían. Y así fue. A partir del siguiente día la “abuela” empezó a comer sola sin molestarlos a ellos.

Pasó algún tiempo, hasta que un día el hijo de la anciana se preparaba para comer cuando notó que su hija tenía en el suelo del comedor un par de maderas, clavos sueltos y martillo.

Se acerco a ella y le preguntó: “¿Qué estas haciendo con esas cosas, hijita?”.

Y la niña le respondió: “Estoy haciendo una mesa para cuando tú y mamá seáis mayores como la abuela”.