Iba un hombre por una carretera solitaria conduciendo su coche, cuando de pronto comenzó a escuchar un ruido extraño, proveniente del motor, como si se estuviera apagando. El acelerador pareció no responder, y con un suave humito que venía desde el capó, el coche se fue deteniendo poco a poco. Fue decelerando, parecía casi apagado, y finalmente… se paró en la carretera.

Resultado de imagen de un mecánicoEstupefacto, el hombre bajó del coche, revisó el motor, las ruedas… Estaba convencido de que, después de tantos años conduciéndolo, podría averiguar el fallo rápidamente, pero comenzó a frustrarse al ver que no conseguía saber qué había pasado.

Entonces otro automóvil hizo aparición en el inhóspito paraje, conducido por un señor que paró al lado del coche averiado: “Parece que se ha estropeado su coche…, ¿quiere que le ayude a arreglarlo?”

Molesto, el dueño del primer automóvil, respondió: “Muy amable, pero llevo conduciendo este coche toda mi vida. Lo conozco como la palma de mi mano, y no creo que usted sepa ni pueda hacer algo, si yo mismo no he sido capaz.”

Sonriendo, el hombre que acababa de llegar insistió, hasta que el otro cedió incrédulo, pues si él no lo había conseguido con su propio coche, ¿cómo lo iba a conseguir el otro?

Manos a la obra, el extraño abrió el capó del coche, revisó el motor y en apenas unos minutos ya había reparado el daño del vehículo y pudo arrancar el coche.

Atónito, el propietario del coche preguntó: “¿Cómo pudo saber cuál era el problema y arreglarlo si es mi coche?”

El segundo hombre contestó: “Verá, mi nombre es Felix Wankel… Yo inventé el motor que lleva su automóvil.”

¡ASÍ, DIOS CONOCE NUESTRA VIDA Y NUESTROS SUFRIMIENTOS MEJOR QUE NOSOTROS MISMOS!