Una madre, que trabajaba también fuera de su casa, pertenecía a diversas asociaciones, y esto le llevaba cierto tiempo y esfuerzo. Un día fue una señora a proponerle que se apuntara a una nueva. La madre optó por excusarse:

 -Lo siento, pero ya no tengo tiempo.

 -¿Tan ocupada está usted?

-Pues sí. Sobre todo porque debo dedicar bastante tiempo a una asociación cuyo presidente es mi marido y buena parte de los trabajos recaen sobre mí.

 -¡Ah! ¿Y a qué se dedica esa asociación?

 -Verá, a mil cosas. Fomenta la vida cristiana, la educación de la infancia y de la juventud, se ocupa de la alimentación, higiene y enseñanza; también de la difusión de la cultura…

-¿Y cómo se llama? Nunca había oído hablar de ella y parece muy interesante.

 -Seguro que la conoce: se llama FAMILIA.

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