Category: Para reflexionar


Durante mi segundo semestre en la Escuela de EImagen relacionadanfermería, nuestro profesor  nos hizo un examen sorpresa. Yo era una buena estudiante y leí  rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la última:

¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?

Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la  mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero… ¿Cómo iba yo a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la ultima pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen.

-Absolutamente-, dijo el profesor. En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellas merecen toda su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: -¡Hola!-

Yo  nunca olvidé esa lección.

¡Ah!,  y también aprendí que su nombre era Dorotea

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Ayer fue el día más triste de mi vida: fue el funeral de mi madre. Cuando miré su dulce y adorable cara y su cabello plateado por el tiempo, me di cuenta que esa sería la última vez que la vería. Muchos pensamientos vinieron entonces a mi mente.

Cuando por las tardes o las noches no teníamos quien nos cuidara a los niños, acudíamos a mi madre porque no queríamos perdernos la película de cine o la fiesta en casa del amigo. Ella nunca se negó, jamás nos dijo que tenía otros planes o yo no quise darme cuenta.

En una ocasión me prometí llevarla a ver las películas que le gustaban. Pero nunca compré la entrada.

Una vez nos encontramos en la panadería y vi que su suéter estaba un poco desteñido y viejo. Entonces pensé que debería llevarla al centro y comprarle uno nuevo. Sabía que, aunque ella lo necesitaba, nunca me lo pediría, así era ella. Pero siempre tuve otras cosas que hacer y mi madre siguió con su suéter viejo.

Recuerdo su último cumpleaños. Le mandamos unas flores blancas bellísimas con una nota que decía: “Lamentamos no poder estar contigo en esta fecha, pero con estas flores te enviamos todo nuestro amor”. Esa tarde había un programa de televisión muy importante y por la noche estábamos invitados a una fiesta.

Y recuerdo la última vez que vi a mi madre viva, fue en la boda de un primo, se veía más viejecita y cansada. Entonces pensé en mandarla a unas vacaciones con su hermano en la costa. Para que tomara el sol un poco y no se viera tan pálida. Pero nunca lo hice, siempre tuve supuestamente cosas más importantes que hacer.

Si yo pudiera volver atrás las hojas del almanaque, le compraría todos los suéteres del mundo, la llevaría al cine y pasaría todos sus cumpleaños a su lado. Si yo pudiera regresar en el tiempo la mandaría a ver a su hermano y a todos los sitios que quisiera ir. Pero es muy tarde ya.

Ella está en el cielo y yo estoy aquí enfermo del corazón por todas las oportunidades perdidas.

Hace cientos de años, había un hombre en una ciudad de Oriente que caminaba una noche por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encontró con un amigo. EI amigo lo miró y  lo reconoció. Se dio cuenta de que era Guno, el ciego del pueblo. Sorprendido, le dijo: ¿Que haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves…

Entonces, el ciego le respondió: -“Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí… No sólo es importante la luz que me sirve a mí sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella”.

“VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO”

No hace falta que todos sean luz, pero quizá TÚ estés llamado a serlo.

Resultado de imagen de el mendigo y el reyUna vez un mendigo que estaba tendido al lado de la calle vio a lo lejos venir al rey con su corona y su capa. Pensó: – “Le voy a pedir. Es un buen hombre y seguro que me dará algo”.

Cuando el rey pasó cerca, le dijo: – “Majestad, ¿me podría, por favor, regalar una moneda?” (… aunque en su interior pensaba que él le iba a dar mucho).

El rey le miró y le respondió: – “¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?”

El mendigo no sabía que responder y sólo atinó a balbucear: – “¡Pero, Majestad…yo no tengo nada!”.

El rey contestó: – “¡Algo debes tener!… ¡Busca!”.

Entre asombro y enojo, el mendigo buscó entre sus cosas y vio que tenía una naranja, un bollo de pan y unos granos de arroz. Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darlos, así que en medio de su enojo tomó 5 granos de arroz y se los dio al rey.

Complacido, él dijo: – “¡Ves como sí tenías!”. Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz.

El mendigo dijo entonces: – “Majestad… creo que por aquí tengo otras cosas…”.

Pero el rey lo miró fijamente a los ojos y, con dulzura, le dijo: – “Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo yo dar”.

“Se vende casa”

Un señor se encontró cierto día en la calle a su amigo el gran poeta Olavo Bilac y le dijo:
– Sr. Bilac, necesito vender mi casa, que usted bien conoce. ¿Podría redactar el anuncio para el periódico?

Olavo Bilac tomó lápiz y papel y escribió:
“Se vende encantadora propiedad, donde cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas, rodeado por las cristalinas aguas de un lindo riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes en la terraza.”

Algunos meses después, el poeta se encontró con su amigo y le preguntó si ya había vendido su casa.

-No pensé más en eso -dijo el hombre-. Después de leer el anuncio, me dí cuenta de la maravilla que tenía.

A veces, no nos damos cuenta de las cosas buenas que tenemos y vamos tras falsos tesoros. Debemos valorar lo que tenemos y que nos fue dado gratuitamente por Dios: la salud, los amigos, el empleo, el conocimiento que adquirimos, la sonrisa de los niños y el cariño de esa persona especial. Estos sí son verdaderos tesoros.

Contaba mi padre que, cuando era niño, su carácter impulsivo  le  hacía  estallar  en  cólera  a  la menor  provocación. Después, casi siempre se sentía avergonzado y tenía que ir a pedir excusas a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó aparte, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo:

-”¡Arrúgalo!”. El muchacho,  no  sin  cierta  sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita.

– “Ahora  –volvió  a  decir  el  maestro– déjalo  como  estaba antes” Por  supuesto que no pudo dejarlo  como estaba. Por más que lo intentaba, el papel siempre permanecía  lleno de pliegues y  de  arrugas.

Entonces  el maestro  le dijo: – ”El  corazón  de  las  personas  es  como  este papel. La huella que dejas con tu ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues”. Así aprendió a ser más comprensivo, recordando lo que sucedía con el papel arrugado.

Resultado de imagen de los dos remosA orillas de un gran río entre montañas, un viejo barquero esperaba con su barca a la gente para trasladarla a la otra orilla.

Un día llegó un joven perdido por aquel valle, acostumbrado tan sólo al asfalto y al ruido de la ciudad, y pidió al barquero que lo llevara con su barca a la otra orilla.  Él aceptó sin decir una palabra y se puso a remar.

Mientras avanzaban, a la mitad del trayecto, el joven curioso se dio cuenta de que en uno de los remos se podía leer DIOS (el roce diario de los remos había ido borrando otras letras).

Molesto el joven por la palabra DIOS, que le parecía pasada de moda, empezó a decir: “Hoy el ser humano con su razón ha descubierto los secretos del mundo y de la vida… Le sobra Dios”.

El anciano calló.  Tomó el remo en el que estaba escrita la palabra DIOS, lo dejó en la barca y continuó remando sólo con el otro, en el que estaba escrita la palabra YO.  Naturalmente la barca no siguió adelante, sino que comenzó a dar vueltas sobre sí misma, sin más futuro que aquel pequeño círculo en el que se movía, y a ser arrastrada por la corriente.

El joven quedó pensativo… El viejo barquero interrumpió su silencio: “Necesitamos de Dios y de los demás, que es la palabra casi borrada, desgastada por la rutina diaria.  Y sé que Él y ellos cuentan conmigo, como lo has hecho tú, joven amigo”.

Y mirando al horizonte, añadió: “También he descubierto que Dios y los demás están inseparablemente unidos”.

Y tomando de nuevo el remo donde se leía DIOS, siguió remando y acompañando al joven a la otra orilla.

Desconsol i la protecció d'una abraçada / Desconsuelo y la protección de un abrazo por Alex Pérez..Un día mi madre me preguntó cuál era la parte más importante del cuerpo. A través de los años trataría de buscar la respuesta correcta. Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije: “Mis oídos, mamá”.

Ella dijo: “No, muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente. Pero sigue pensando, te preguntaré de nuevo.”

Pasaron varios años antes de que ella lo hiciera. Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta. Y es así que le dije: “Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos.”

Ella me miró y me dijo: “Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aún sin sus ojos”.

Continué pensando cuál era la solución. A través de los años, mi madre me preguntó un par de veces más, y ante mis respuestas la suya era: “No, pero eres más inteligente con los años, pronto acertarás”.

El año pasado, mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos. Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto sobre todo porque fue la segunda vez que lo vi llorar. Mi madre me miraba cuando fue el momento de dar el adiós final al abuelo. Entonces me preguntó: “No sabes todavía cuál es la parte más importante del cuerpo, hijo?”.

Me asusté cuando me preguntó justo en ese momento. Yo siempre había creído que ése era un juego entre ella y yo. Pero ella vio la confusión en mi cara y me dijo: “Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y te he dicho por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo.”

Ella me miraba como sólo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos llenos de lágrimas, y la abracé. Fue entonces cuando apoyada en mí, me dijo: “Hijo, la parte del cuerpo más importante es tu hombro”.

Le pregunté: “¿Es porque sostiene mi cabeza?”, y ella respondió: “No, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora. Todos necesitamos un hombro para llorar algún día en la vida, hijo mío. Yo sólo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito el tuyo. “

Imagen relacionadaUna vez mi prima tenía una uña del pie casi despegada de la piel, ya que había sufrido un tropezón que le arrancó la uña. Así estuvo padeciendo un terrible dolor.
Un día, en su desesperación, vino a buscarme y me dijo: “Sácame la uña que no tengo el valor para sacármela yo”.
Yo le dije: “Bueno, yo me atrevo a sacártela pero a sangre fría”. Entonces le saqué la uña. Sufrió al principio y luego se sanó.
Aquello me hizo pensar. Una vez alguien me dijo que Dios sacaría tres cosas de mi corazón.
Al principio estuve muchas noches pensando cuáles serían esas tres cosas y si me dolería cuando las sacara. Entonces recordé la uña de mi prima. “Es mucho mejor que alguien te las saque a tener yo que escoger cuál es la que debo sacar y si me duele estoy seguro que nunca me decidiré a sacarla”.
Así que le dije a Dios: ¨Sácalas tú si es necesario, porque yo no me atrevo¨

ojosUna joven ciega, se odiaba a sí misma, y a todo el mundo por ser ciega.

Cada día maldecía continuamente y odiaba a todos, menos a su novio que la quería mucho.

Un día le anunciaron que había una donación de un par de ojos sanos, y que había una posibilidad de que pudiera ver.

La operación fue un éxito y pudo ver. Cuando lo hizo, el novio le preguntó si se casaría con él, a lo que ella respondió que no, porque se dio cuenta de que él era ciego.

El novio, triste, lo comprendió y se despidió de ella.

Al marcharse le dijo: -“Tan solo te pido que cuides muy bien de mis ojos pues te los regalé y ahora son los tuyos. Te amo.”