Category: Para reflexionar


Imagen relacionadaUna vez mi prima tenía una uña del pie casi despegada de la piel, ya que había sufrido un tropezón que le arrancó la uña. Así estuvo padeciendo un terrible dolor.
Un día, en su desesperación, vino a buscarme y me dijo: “Sácame la uña que no tengo el valor para sacármela yo”.
Yo le dije: “Bueno, yo me atrevo a sacártela pero a sangre fría”. Entonces le saqué la uña. Sufrió al principio y luego se sanó.
Aquello me hizo pensar. Una vez alguien me dijo que Dios sacaría tres cosas de mi corazón.
Al principio estuve muchas noches pensando cuáles serían esas tres cosas y si me dolería cuando las sacara. Entonces recordé la uña de mi prima. “Es mucho mejor que alguien te las saque a tener yo que escoger cuál es la que debo sacar y si me duele estoy seguro que nunca me decidiré a sacarla”.
Así que le dije a Dios: ¨Sácalas tú si es necesario, porque yo no me atrevo¨

ojosUna joven ciega, se odiaba a sí misma, y a todo el mundo por ser ciega.

Cada día maldecía continuamente y odiaba a todos, menos a su novio que la quería mucho.

Un día le anunciaron que había una donación de un par de ojos sanos, y que había una posibilidad de que pudiera ver.

La operación fue un éxito y pudo ver. Cuando lo hizo, el novio le preguntó si se casaría con él, a lo que ella respondió que no, porque se dio cuenta de que él era ciego.

El novio, triste, lo comprendió y se despidió de ella.

Al marcharse le dijo: -“Tan solo te pido que cuides muy bien de mis ojos pues te los regalé y ahora son los tuyos. Te amo.”


Una hija contaba a su madre que todo le estaba saliendo mal, había suspendido su examen, su novio había cortado con ella y su mejor amiga se marchaba de la ciudad. Mientras, su madre, que preparaba un pastel, le preguntó si le apetecía comer algo. “Claro mamá, me encanta tu pastel”

“Ten, tómate este aceite” -le ofreció su madre.
¡Horrible! -respondió la hija.
“¿Qué tal un par de huevos crudos?”- ¡Qué asco, mamá!
“¿Entonces quieres algo de harina? ¿o qué tal bicarbonato?”
– ¡Mamá, todo eso es asqueroso!!

La madre respondió:
“Si, todas esas cosas parecen malas por sí solas, pero cuando las unes de la manera adecuada, hacen un pastel delicioso! Así trabaja Dios.

Muchas veces nos preguntamos por qué Dios nos permite pasar por tiempos tan malos y difíciles, pero Él sabe que cuando pone todas estas cosas en SU orden, son un diseño precioso de Su Amor.

Sólo tenemos que confiar el Él, y tarde o temprano estas cosas harán algo maravilloso.

A veces, ante alguna situación difícil o momentos de mucha tensión, solemos preguntar…
¿por qué Señor? o tal vez, ¿hasta cuando? o definitivamente le decimos que ya no podemos más…

¡Todo eso que hoy no entendemos forma parte de un pastel maravilloso!

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marte

Una madre, que trabajaba también fuera de su casa, pertenecía a diversas asociaciones, y esto le llevaba cierto tiempo y esfuerzo. Un día fue una señora a proponerle que se apuntara a una nueva. La madre optó por excusarse:

 -Lo siento, pero ya no tengo tiempo.

 -¿Tan ocupada está usted?

-Pues sí. Sobre todo porque debo dedicar bastante tiempo a una asociación cuyo presidente es mi marido y buena parte de los trabajos recaen sobre mí.

 -¡Ah! ¿Y a qué se dedica esa asociación?

 -Verá, a mil cosas. Fomenta la vida cristiana, la educación de la infancia y de la juventud, se ocupa de la alimentación, higiene y enseñanza; también de la difusión de la cultura…

-¿Y cómo se llama? Nunca había oído hablar de ella y parece muy interesante.

 -Seguro que la conoce: se llama FAMILIA.

“Las cucharas”

Resultado de imagen de reflexión las cucharasDice una antigua leyenda, que un discípulo preguntó al maestro:

– ¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?. El maestro le respondió: es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré el infierno.

Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles. Ven, dijo el maestro después de un rato, ahora te mostraré el cielo.

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera; con la olla de arroz, el grupo de gente, las mismas cucharas largas pero, allí, todos estaban felices y alimentados.

– No comprendo dijo el discípulo, ¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación si todo es lo mismo?

El maestro sonrió. Ah… ¿no te has dado cuenta? Como las cucharas tienen los mangos largos, no permitiéndoles llevar la comida a su propia boca, aquí han aprendido a alimentarse unos a otros.

Un soldado se quedó pasmado cuando escuchó al general Robert E. Lee hablar elogiosamente de otro oficial…

“General” -le dijo- “¿sabe usted que el hombre del cual habla tan bien es uno de sus peores enemigos, y que no pierde ninguna oportunidad de difamarlo?”.

“Sí” -dijo el general-“pero a mí me pidieron mi opinión de él, no la que él tiene de mí”.

 

  • Un hombre entró a robar a casa de su vecino, el cuál lo sorprendió en la acción. Al saberse descubierto, se llenó de temor, pero contrario a lo que esperaba, su vecino solo le dijo: “Amigo, no sabía que tuviera usted tanta necesidad como para  llegar a esto. Yo no tengo mucho, pero por favor dígame si puedo hacer algo por usted, trataré de ayudarle en todo lo que pueda”.

 

La amabilidad del general Lee y de este anónimo, es una ilustración inspiradora de lo que es devolver bien por mal. Ahora bien, estoy seguro de que eso no es fácil de hacer. De hecho, a veces parece imposible.

Abraham Lincoln dijo una vez: “La mejor forma de derrotar al enemigo es hacerlo tu amigo” Por tanto, con ayuda de Dios, amemos a nuestros enemigos, bendigámoslos, hagámosles bien y oremos por ellos. Igual que nuestro Señor, estemos preparados para devolver bien por mal… incluso a nuestros enemigos.

Una mujer, a quien le habían diagnosticado una enfermedad terminal y le habían dado tres meses de vida estaba poniendo sus cosas “en orden”. Le pidió al sacerdote que fuera a su casa para comentar ciertos aspectos de sus deseos finales. Le dijo qué canciones quería que cantaran en su funeral, qué lecturas le gustaría que leyeran y con qué ropas querría ser enterrada.

También pidió que la enterraran con su Biblia. Cuando el sacerdote estaba preparándose para irse, de pronto la mujer recordó algo muy importante para ella y dijo: “hay una cosa más”. “¿Qué es?” -preguntó el sacerdote-. “Esto es muy importante”, continuó la mujer, “quiero que me entierren con un tenedor en la mano derecha”.

El sacerdote se quedó parado mirando a la mujer sin saber qué decir.

– “Esto le sorprende, ¿no?”, dijo la mujer.

– “Bueno, para ser honesto, estoy extrañado por su petición”, dijo el sacerdote.

La mujer explicó: “recuerdo que en todos los años de concurrir a comidas en la iglesia, cuando se retiran las fuentes del plato principal, alguien siempre dice ‘conserva tu tenedor’. Era mi momento favorito porque sabía que algo mejor venía… como torta de chocolate o pastel de manzana, algo maravilloso y sustancial. De modo que quiero que la gente me vea en mi ataúd con un tenedor en la mano y quiero que pregunten: ‘¿Para qué es el tenedor?’. Entonces quiero que por favor les diga: ‘Conserva tu tenedor…. aún falta lo mejor.’

Los ojos del sacerdote se llenaron de lágrimas de alegría cuando se despidió de ella. Sabía que era una de las últimas veces que la vería antes de morir. Pero también sabía que la mujer entendía perfectamente lo que era la Gloria. Ella sabía que algo mejor venía.

En el funeral, la gente que se acercaba al ataúd veía el vestido que más le gustaba, su Biblia favorita y el tenedor en la mano derecha. Una y otra vez el sacerdote escuchaba la pregunta “¿Para qué es el tenedor?” y él sonreía. Durante su homilía, el sacerdote les contó la conversación que había tenido con la mujer poco tiempo antes de morir. También les contó lo que simbolizaba el tenedor para ella; les contó cómo él no podría dejar de pensar en el tenedor y quizás ellos tampoco podrían hacerlo. Tenía razón.

De modo que la próxima vez que tomes un tenedor, deja que te recuerde muy suavemente que aún falta lo mejor.

“Un mecánico”

Iba un hombre por una carretera solitaria conduciendo su coche, cuando de pronto comenzó a escuchar un ruido extraño, proveniente del motor, como si se estuviera apagando. El acelerador pareció no responder, y con un suave humito que venía desde el capó, el coche se fue deteniendo poco a poco. Fue decelerando, parecía casi apagado, y finalmente… se paró en la carretera.

Resultado de imagen de un mecánicoEstupefacto, el hombre bajó del coche, revisó el motor, las ruedas… Estaba convencido de que, después de tantos años conduciéndolo, podría averiguar el fallo rápidamente, pero comenzó a frustrarse al ver que no conseguía saber qué había pasado.

Entonces otro automóvil hizo aparición en el inhóspito paraje, conducido por un señor que paró al lado del coche averiado: “Parece que se ha estropeado su coche…, ¿quiere que le ayude a arreglarlo?”

Molesto, el dueño del primer automóvil, respondió: “Muy amable, pero llevo conduciendo este coche toda mi vida. Lo conozco como la palma de mi mano, y no creo que usted sepa ni pueda hacer algo, si yo mismo no he sido capaz.”

Sonriendo, el hombre que acababa de llegar insistió, hasta que el otro cedió incrédulo, pues si él no lo había conseguido con su propio coche, ¿cómo lo iba a conseguir el otro?

Manos a la obra, el extraño abrió el capó del coche, revisó el motor y en apenas unos minutos ya había reparado el daño del vehículo y pudo arrancar el coche.

Atónito, el propietario del coche preguntó: “¿Cómo pudo saber cuál era el problema y arreglarlo si es mi coche?”

El segundo hombre contestó: “Verá, mi nombre es Felix Wankel… Yo inventé el motor que lleva su automóvil.”

¡ASÍ, DIOS CONOCE NUESTRA VIDA Y NUESTROS SUFRIMIENTOS MEJOR QUE NOSOTROS MISMOS!