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“Mi mundo”

historias de amor cortasEl otro día mi hija de 8 años me abrazó y me dijo: “Eres la mejor mamá del mundo entero”.

Sonreí y sarcásticamente le pregunté: “¿Cómo lo sabes? No has conocido a todas las mamás del mundo”.

Me apretó más fuerte y dijo: “No hace falta. Tú eres mi mundo”.

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Resultado de imagen de historia de amorEstoy atravesando con mi hija el pasillo.

Hace 10 años saqué a un niño de 14 años de su casa engullida por el fuego. Los médicos dijeron que nunca volvería a andar.

Mi hija me acompañaba muchas veces al hospital para verlo. Luego empezó a ir ella por su cuenta.

Hoy lo estoy viendo desafiar todos los obstáculos, sonriendo, de pie, en el altar, mientras coloca un anillo en el dedo de mi hija.

Imagen relacionadaUna mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entró a una tienda.

La mujer se acercó al dueño de la tienda y, de la manera más humilde, le preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito.

Con voz suave le explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar; tenían siete niños y necesitaban comida. El dueño le pidió que abandonara su tienda.

Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer continuó: “¡Por favor señor! Se lo pagaré tan pronto como pueda”. El dueño le dijo que no podía darle nada a crédito.

De pie cerca del mostrador se encontraba un cliente que escuchó la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer. El cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia.

El dueño, preguntó a la mujer: “¿Tiene usted una lista de compra?”.

La mujer dijo: “Si señor”.

“Está bien,” dijo el dueño, “ponga su lista en la balanza y lo que pese su lista, le daré yo en comestibles”.

La mujer titubeó por un momento y cabizbaja, buscó en su bolso un pedazo de papel y escribió algo en él. Puso el pedazo de papel, cabizbaja aún, en la balanza. Los ojos de dueño y cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo más bajo y se quedó así.

El dueño entonces, sin dejar de mirar la balanza dijo: “¡No lo puedo creer!”. El cliente sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles al otro lado de la balanza. La balanza no se movió por lo que continuó poniendo más y más comestibles hasta que no aguantó más. El dueño se quedó allí parado con gran asombro.

Finalmente, agarró el pedazo de papel y lo miró con mucho más asombro…. No era una lista de compra, era una oración que decía: “Querido Señor, tú conoces mis necesidades y lo dejo en tus manos”. El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido y quedó allí en silencio.
La mujer le agradeció y abandonó su tienda. El cliente le entregó un billete de cincuenta dólares al dueño y le dijo: “Valió cada centavo de este billete”.

¡Sólo Dios sabe cuánto pesa una Oración!

Era una mañana agitada. Eran las ocho y media, cuando un señor de unos ochenta años llegó al hospital para que le quitaran los puntos de una herida en su mano. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las nueve de la mañana.

Le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vi mirando continuamente su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida.

Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa.

Le pregunté sobre la salud de ella. El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo.

Me sorprendió, y entonces le pregunté: “Y usted sigue yendo cada mañana, ¿aun cuando ella no sabe quien es usted?

El sonrió, me acarició la mano y dijo: “Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella”.

Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba.

Moses Mendelssohn, abuelo del conocido compositor alemán, distaba de ser guapo. Además de una estatura algo baja, tenía una grotesca joroba.

Un día visitó a un mercader de Hamburgo que tenía una hermosa hija llamada Frumtje. Moses se enamoró perdidamente de ella, pero a ella le repelía su apariencia deforme.

Cuando llegó el momento de despedirse, Moses hizo acopio de su valor y subió las escaleras hasta donde estaba el cuarto de aquella hermosa joven, para tener la última oportunidad de hablar con ella.

File:Mendelssohn, Lessing, Lavater.jpgEra tan hermosa, pero a Moses le entristecía profundamente su negativa a mirarlo. Después de varios intentos de conversar con ella, le preguntó tímidamente: – ¿Crees que los matrimonios se crean en el cielo?

– Si– respondió ella, todavía mirando al suelo – ¿Y tú ?…

– Si, lo creo – contestó -. Verás. En el cielo, cada vez que un niño nace, el Señor anuncia con que niña se va a casar. Cuando yo nací, me fue señalada mi futura esposa. Entonces el Señor añadió: “Pero tu esposa será jorobada”. Justo en ese momento exclamé: “Oh, Señor, una mujer jorobada seria una tragedia, dame a mi la joroba y permite que ella sea hermosa”..

Entonces Frumtje levantó la mirada para contemplar los ojos de Moses y un hondo sentimiento la conmovió. Alargó su mano y se la dio a Moses. Tiempo después, ella se convirtió en su esposa.

Muchas veces, los prejuicios que tenemos al estar o convivir con personas distintas a nosotros, nos impiden entender y ver con los ojos del amor.

Resultado de imagen de presoDos hombres, habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después.

Uno de ellos le preguntó al otro:

-¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

-No, gracias a Dios, yo lo olvidé todo -contestó-.

-¿Y tú?

-Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas -respondió el otro-.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

-Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

Y tú que lees esto… ¿perdonas y eres libre o estás preso del odio?

Imagen relacionadaUn cómico americano contaba un día que su primera mujer le había abandonado porque él nunca le había demostrado su amor; nunca había hecho nada espectacular por ella.

Así que con su segunda esposa decidió enmendar el error: escaló altas montañas para bajarle ramos de edelweisses, se sumergió en las aguas de Índico para encontrar las perlas más bellas, viajó hasta las profundidades de China para traerle preciosas sedas…

Y ella… finalmente le dejó porque nunca estaba en casa.

Resultado de imagen de niños lenguaje de signosMi hijo de 11 años, habla con fluidez el lenguaje de signos.
 
El motivo es que su mejor amigo, Jaime, con el que se ha criado desde que era un bebé, es sordo.
 

Podremos tener diferentes facciones, culturas, estilos y hasta formas de vestirnos.

Pero hay un lenguaje que todos entendemos, un lenguaje universal que no entiende de sexo, raza o clase social: El lenguaje del amor.

historias de amor El día en el que mis padres
celebraban su
50 aniversario de boda,
mi madre sonrió y le dijo a mi padre:

“Ojalá te hubiera conocido antes”.

Resultado de imagen de mujer y marido en silla de ruedasUna mujer que llevaba varios años en silla de ruedas golpeó el marco de la puerta al pasar con ella al salón donde estaba su marido.

Enfadada por el golpe, le dijo a su marido: “Eres la única razón por la que quiero liberarme de esta cosa”.

El marido se levantó, la besó en la frente y le dijo: “Cariño, yo ni siquiera la veo”.