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piedra rioUn monje muy sabio estaba rezando a la orilla del río, cuando llegó un hombre joven y le dio dos enormes perlas, como prueba de respeto y devoción.

El monje abrió los ojos y tomó una de ellas con tan poco cuidado, que ésta rodó hasta caer al río.

Horrorizado, el joven se zambulló en el agua para recuperarla. Buceó sin tregua hasta la noche pero no consiguió dar con ella. Al fin, completamente empapado y exhausto, sacó al monje de su oración y le dijo: ¡Tú viste donde cayó!. ¡Indícame el lugar exacto para que yo pueda encontrarla!

El anciano monje tomó la otra perla, la lanzó al río y dijo: “Justo allí”.

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Imagen relacionadaUn pequeño niño quería conocer a Dios. Él sabía que era un viaje largo a donde Dios vivía, así que llenó su maleta de galletas y empezó su viaje.

Cuando había recorrido tres calles, encontró a un hombre de avanzada edad. El hombre estaba sentado en el parque cerca de unas palomas. El niño se sentó a su lado y abrió su maleta, sacó un paquete de galletas para tomárselas y se dio cuenta de que el viejo hombre se veía hambriento, así que le ofreció una galleta.

Agradecido, él aceptó y le sonrió. Su sonrisa fue tan agradable que el niño quiso verla nuevamente así que le ofreció otra galleta. Otra vez, el hombre le sonrió.

¡El niño estaba encantado!

Ellos estuvieron ahí toda la tarde comiendo galletas y sonriendo, pero nunca dijeron ni una palabra.

Cuando oscureció, el niño se sentía cansado y supo que tenía que irse, pero antes de que diera algunos pasos más, se dio media vuelta y corrió hacia el viejo hombre y le dio un fuerte abrazo. Él le dio su sonrisa más grande.

Cuando el niño regresó a su casa y abrió la puerta, su mamá sorprendida por la cara de alegría en su rostro, le preguntó: -¿Qué hiciste hoy que te ves tan feliz?.

Él le contestó: “Comí con Dios”y antes de que su madre pudiera decir una palabra, el niño agregó: “¿Sabes? Dios tiene la sonrisa más hermosa que he visto”.

Mientras tanto, el viejo hombre, también radiante de jubilo, regresó a su casa y su hijo al verlo entrar con el rostro lleno de paz le preguntó: “Papá, ¿qué has hecho hoy que te ves tan feliz?”

El respondió: “Comí galletas en el parque con Dios”. Antes de que su hijo pudiera decir una palabra, el agregó: “¿Sabes? Él es mucho más joven de lo que pensé…”

Muchas veces subestimamos el poder de una caricia, una sonrisa, una palabra amable, el escuchar, o el mínimo acto de preocuparse por alguien… Y todo esto le da sentido a nuestra vida. Las personas llegan a nuestra vida por una razón, en alguna estación y por un tiempo.

¡Disfrútalo!

Resultado de imagen de un pobre anciano en una iglesiaTodos los días al mediodía, un pobre anciano entraba en la iglesia del pueblo y pocos minutos después salía. Un día el sacerdote del lugar le preguntó lo que venía a hacer (pues existían muchos objetos de valor en la parroquia).

“Vengo a rezar” -respondió el anciano.

“Pero es muy raro que usted consiga rezar tan rápido” -le dijo el sacerdote.

-El anciano respondió: “Yo no sé recitar oraciones largas, pero todos los días al mediodía, entro en la iglesia y solamente digo “HOLA JESÚS, SOY JUAN”. En un minuto ya estoy de salida. Es solamente una pequeña oracioncita, pero tengo la plena seguridad que Él me escucha”.

Algunos días después, Juan sufrió un accidente y fue internado en el hospital. Juan pasó a ejercer una gran influencia sobre todos. Los enfermos más tristes se volvieron alegres y muchas risas comenzaron a ser oídas.

La religiosa que lo atendía le dijo: “Los otros enfermos dicen que fue usted quien cambió todo por aquí. Ellos dicen que usted está siempre alegre”

“Es verdad, estoy siempre alegre. Es por causa de la visita que recibo todos los días. ¡Me deja muy feliz!”.

La religiosa se quedó sorprendida. Ella se había dado cuenta que la silla al lado de la cama de Juan estaba siempre vacía. Juan era un anciano, sin nadie. ¿Qué visita? ¿A qué hora?

Con un brillo especial en los ojos Juan respondió: “Todos los días al mediodía, Él viene, se queda al lado de mi cama y cuando lo miro, él sonríe y me dice:

“HOLA JUAN, SOY JESÚS”

“Sosiego”

Un sabio insistía a su discípulo, una y otra vez, sobre el sosiego.

– Deja que tú mente se remanse, se tranquilice, se sosiegue. Silencia el griterío de tus pensamientos.

– Pero, ¿qué más? Preguntaba impaciente el discípulo.

– De momento, sólo eso.

Y cada día exhortaba al discípulo a que se sosegase, superando toda agitación, y encontrase un estado interno de quietud.

Un día, el discípulo, harto de recibir siempre la misma instrucción, preguntó: – Pero, ¿por qué consideras tan importante el sosiego?

El sabio le dijo: – Acompáñame. Y lo condujo hasta un estanque y con un palo comenzó a agitar sus aguas. Entonces, preguntó: – ¿Puedes ver tú rostro en el agua?

– ¿Cómo lo voy a lograr si el agua está agitada? Así no es posible -protestó el discípulo pensando que el maestro se burlaba de él.

– De igual manera, mientras estés agitado no podrás ver tu rostro ni el de los demás.

Imagen relacionadaUn día un discípulo le preguntó a un gran sabio anciano: – “Quiero saber, ¿qué es lo más curioso de los seres humanos?”

“Que piensan siempre al contrario” – respondió el anciano.

“Tienen prisa por crecer, y después suspiran por la infancia perdida”.

“Pierden la salud para tener dinero, y luego pierden el dinero para obtener salud”.

“Piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente, y así, no viven ni el presente ni el futuro”.

“Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido”.

Resultado de imagen de la oportunidadUn anciano muy sabio preguntó a su discípulo: – ¿Y cuándo piensas realizar tu sueño?”.

– “Cuando tenga la oportunidad de hacerlo”, respondió éste.

El anciano le contestó:
– “La oportunidad nunca llega. La oportunidad ya está aquí”.
¡Hoy comienza para ti un tiempo nuevo, hoy tienes la oportunidad de hacer realidad aquello que llevas tanto tiempo esperando! ¡HOY!

“¿Qué ves?”

Cuenta una antigua historia, que una vez un hombre muy rico fue a pedirle un consejo a un Resultado de imagen de hombre frente a espejoanciano muy sabio.

El anciano le tomó de la mano, lo acercó a la ventana y le dijo -“Mira”-.

El rico miró por la ventana a la calle.

El anciano le preguntó: -“¿Qué ves?”-.

El hombre le respondió: -“Veo gente”-.

El anciano volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo: -“¿Qué ves ahora?”-.

El rico le respondió: -“Ahora me veo yo”.

-“¿Entiendes? En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata. Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse solo a sí mismo”.

Resultado de imagen de el sembrador de datilesEn un oasis en el desierto, se encontraba un anciano de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.

Un joven mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio al anciano, que parecía cavar en la arena.

Tras saludar al anciano, le preguntó con curiosidad: -“¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?”.

-“Siembro” -contestó el viejo.

-“¿Qué siembras aquí?”.

-“Dátiles” -respondió el anciano mientras señalaba a su alrededor el palmar.

-“¡Dátiles! El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor”.

–”No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos”.

El joven dijo al anciano: -“Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y sólo cuando son palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no te deseo ningún mal, pero tú eres ya anciano y sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.”

El anciano contestó: -“Joven, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto.”

-“Me has dado una gran lección. Déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste” – y diciendo esto, le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.

-“Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, tú decías que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.”

Imagen relacionadaUn sabio anciano contaba un día la siguiente historia:

“Varios hombres habían quedado encerrados en una oscura caverna donde no podían ver casi nada.

Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña antorcha. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada.

Al hombre se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia antorcha y así compartiendo la llama con todos la caverna se iluminó”.

Uno de los que escuchaban al sabio anciano preguntó: ¿Qué nos enseña esta historia?

Y él contestó: Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.