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“La dulzura de Dios”

Resultado de imagen de la dulzura de diosUn día, la profesora, preguntó a los niños quién sabría explicar quién es Dios.

Uno de los niños levantó el brazo y dijo: “Dios es nuestro Padre, Él hizo la tierra, el mar y todo lo que está en ella; nos hizo como hijos suyos”.

La profesora queriendo buscar más respuestas fue más lejos. “¿Cómo sabéis que Dios existe si nunca lo habéis visto?” La clase quedó en silencio.

Un niño muy tímido, alzó la mano y dijo: “Mi madre me dijo que Dios es como el azúcar en la leche que ella me prepara todas las mañanas. Yo no veo el azúcar que está dentro de la taza de leche, pero si ella no pone el azúcar, la leche queda sin sabor. Dios existe y está siempre en medio de nosotros, sólo que no lo vemos. Pero si Él no está, nuestra vida queda sin sabor”.

La profesora sonrió y dijo: “Muy bien, yo os he enseñado muchas cosas, pero tú, me has enseñado algo más profundo que todo lo que yo ya sabía. Ahora sé que Dios es nuestra azúcar y que está todos los días endulzando nuestras vidas”.

Le dio un beso y salió sorprendida con la respuesta de aquel niño.

Y tú, ¿has descubierto ya a Dios en tu vida?

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Resultado de imagen de mujer y marido en silla de ruedasUna mujer que llevaba varios años en silla de ruedas golpeó el marco de la puerta al pasar con ella al salón donde estaba su marido.

Enfadada por el golpe, le dijo a su marido: “Eres la única razón por la que quiero liberarme de esta cosa”.

El marido se levantó, la besó en la frente y le dijo: “Cariño, yo ni siquiera la veo”.

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“Hace algunos años, en las olimpiadas para personas con discapacidad de Seattle, también llamadas “Olimpíadas Especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros lisos.

A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a llorar.

Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron… ¡Todos! Una de las muchachas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora vas a ganar”. Y todos, los nueve competidores, entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada.

El estadio entero se puso de pie. Los aplausos duraron largos minutos; las personas que estaban allí aquél día, repiten y repiten esa historia hasta hoy.