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En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces… “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa”.

Todos elegían ser muertos por los arqueros.

Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo: —”Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?”

—”Dime soldado”.

—”¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?”.

—”Ve y mira tú mismo”, respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado admirado sólo miró a su rey que le decía:

—”Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir antes que arriesgarse a abrir esta puerta”.

“¿Te atreves a abrir la puerta que conduce al cielo?”

Imagen relacionadaUna mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba derrota, entró a una tienda.

La mujer se acercó al dueño de la tienda y, de la manera más humilde, le preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito.

Con voz suave le explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar; tenían siete niños y necesitaban comida. El dueño le pidió que abandonara su tienda.

Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia la mujer continuó: “¡Por favor señor! Se lo pagaré tan pronto como pueda”. El dueño le dijo que no podía darle nada a crédito.

De pie cerca del mostrador se encontraba un cliente que escuchó la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer. El cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia.

El dueño, preguntó a la mujer: “¿Tiene usted una lista de compra?”.

La mujer dijo: “Si señor”.

“Está bien,” dijo el dueño, “ponga su lista en la balanza y lo que pese su lista, le daré yo en comestibles”.

La mujer titubeó por un momento y cabizbaja, buscó en su bolso un pedazo de papel y escribió algo en él. Puso el pedazo de papel, cabizbaja aún, en la balanza. Los ojos de dueño y cliente se llenaron de asombro cuando la balanza se fue hasta lo más bajo y se quedó así.

El dueño entonces, sin dejar de mirar la balanza dijo: “¡No lo puedo creer!”. El cliente sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles al otro lado de la balanza. La balanza no se movió por lo que continuó poniendo más y más comestibles hasta que no aguantó más. El dueño se quedó allí parado con gran asombro.

Finalmente, agarró el pedazo de papel y lo miró con mucho más asombro…. No era una lista de compra, era una oración que decía: “Querido Señor, tú conoces mis necesidades y lo dejo en tus manos”. El dueño de la tienda le dio los comestibles que había reunido y quedó allí en silencio.
La mujer le agradeció y abandonó su tienda. El cliente le entregó un billete de cincuenta dólares al dueño y le dijo: “Valió cada centavo de este billete”.

¡Sólo Dios sabe cuánto pesa una Oración!

Resultado de imagen de prohibido quejarsePensaba que mi vida no iba bien. Sentía que algo siempre me faltaba. Entonces hablé con Dios.

– Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí las manos que tengo para trabajar.

– Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, pero no agradecí por tener una familia.

– Me quejé cuando no tenía lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer el hecho de tener qué comer.

– Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno por estar parados.

– Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al salir, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener alguna luz encendida.

– Me quejé por no poder dormir un poquito más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.

– Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.

– Me quejé porque no tenía tiempo, cuando me pidieron que diera catequesis sobre Jesús, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de su infinito Amor.

Dios me iluminó en esa conversación y entonces comprendí mi egoísmo y lo ingrato que he sido con Él. Fue entonces cuando comencé a agradecerle todas las cosas que había olvidado, y aún más de aquellas por las que tanto me quejaba.

Recuerda: “Pobre del que, al final del día, no sepa qué agradecer ni a Quien”.
¡Que Dios te bendiga! Y ya sabes… ¡no te quejes!

“GALLETAS”

Imagen relacionadaUn pequeño niño quería conocer a Dios. Él sabía que era un viaje largo a donde Dios vivía, así que llenó su maleta de galletas y empezó su viaje.

Cuando había recorrido tres calles, encontró a un hombre de avanzada edad. El hombre estaba sentado en el parque cerca de unas palomas. El niño se sentó a su lado y abrió su maleta, sacó un paquete de galletas para tomárselas y se dio cuenta de que el viejo hombre se veía hambriento, así que le ofreció una galleta.

Agradecido, él aceptó y le sonrió. Su sonrisa fue tan agradable que el niño quiso verla nuevamente así que le ofreció otra galleta. Otra vez, el hombre le sonrió.

¡El niño estaba encantado!

Ellos estuvieron ahí toda la tarde comiendo galletas y sonriendo, pero nunca dijeron ni una palabra.

Cuando oscureció, el niño se sentía cansado y supo que tenía que irse, pero antes de que diera algunos pasos más, se dio media vuelta y corrió hacia el viejo hombre y le dio un fuerte abrazo. Él le dio su sonrisa más grande.

Cuando el niño regresó a su casa y abrió la puerta, su mamá sorprendida por la cara de alegría en su rostro, le preguntó: -¿Qué hiciste hoy que te ves tan feliz?.

Él le contestó: “Comí con Dios”y antes de que su madre pudiera decir una palabra, el niño agregó: “¿Sabes? Dios tiene la sonrisa más hermosa que he visto”.

Mientras tanto, el viejo hombre, también radiante de jubilo, regresó a su casa y su hijo al verlo entrar con el rostro lleno de paz le preguntó: “Papá, ¿qué has hecho hoy que te ves tan feliz?”

El respondió: “Comí galletas en el parque con Dios”. Antes de que su hijo pudiera decir una palabra, el agregó: “¿Sabes? Él es mucho más joven de lo que pensé…”

Muchas veces subestimamos el poder de una caricia, una sonrisa, una palabra amable, el escuchar, o el mínimo acto de preocuparse por alguien… Y todo esto le da sentido a nuestra vida. Las personas llegan a nuestra vida por una razón, en alguna estación y por un tiempo.

¡Disfrútalo!

“El brochazo”

Un artista estaba pintando la bóveda de un templo y con frecuencia daba unos pasos hacia atrás en el andamio para contemplar su obra. Se encontraba tan absorto contemplando su trabajo, que no se había dado cuenta de que iba a caer en el pavimento que estaba a gran altura del andamio.

Otro pintor, viéndolo en peligro y comprendiendo que una palabra podría apresurar su caída, arrojó una brocha sobre el cuadro que contemplaba el artista que estaba en peligro.

Este pintor, sorprendido y enojado, violentamente se dirigió hacia adelante, salvándose así de una caída que hubiera sido mortal.

Muchas veces no entendemos que por estar tan absortos en nuestros propios logros, éxitos y ambiciones, damos pasos en falso que podrían destruir nuestras propias vidas y Dios, en su misericordia, interviene para despertar nuestra conciencia dormida.

A veces, Dios lanza su brocha contra el cuadro de nuestra vanidad para advertirnos del grave peligro en que estamos y demostrarnos que nos ama y que más que estar interesado en nuestros éxitos , Él está interesado en nosotros como sus hijos.

La próxima vez que su brocha manche tu cuadro, dale gracias a Dios, porque quizá te haya librado de caerte del andamio.

“Los dos presos”

Resultado de imagen de presoDos hombres, habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después.

Uno de ellos le preguntó al otro:

-¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

-No, gracias a Dios, yo lo olvidé todo -contestó-.

-¿Y tú?

-Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas -respondió el otro-.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

-Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

Y tú que lees esto… ¿perdonas y eres libre o estás preso del odio?

“La dulzura de Dios”

Resultado de imagen de la dulzura de diosUn día, la profesora, preguntó a los niños quién sabría explicar quién es Dios.

Uno de los niños levantó el brazo y dijo: “Dios es nuestro Padre, Él hizo la tierra, el mar y todo lo que está en ella; nos hizo como hijos suyos”.

La profesora queriendo buscar más respuestas fue más lejos. “¿Cómo sabéis que Dios existe si nunca lo habéis visto?” La clase quedó en silencio.

Un niño muy tímido, alzó la mano y dijo: “Mi madre me dijo que Dios es como el azúcar en la leche que ella me prepara todas las mañanas. Yo no veo el azúcar que está dentro de la taza de leche, pero si ella no pone el azúcar, la leche queda sin sabor. Dios existe y está siempre en medio de nosotros, sólo que no lo vemos. Pero si Él no está, nuestra vida queda sin sabor”.

La profesora sonrió y dijo: “Muy bien, yo os he enseñado muchas cosas, pero tú, me has enseñado algo más profundo que todo lo que yo ya sabía. Ahora sé que Dios es nuestra azúcar y que está todos los días endulzando nuestras vidas”.

Le dio un beso y salió sorprendida con la respuesta de aquel niño.

Y tú, ¿has descubierto ya a Dios en tu vida?

LITURGIA DE LAS HORAS

«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo…»

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Si quieres rezar unido a la Iglesia Universal en las oraciones diarias de la LITURGIA DE LAS HORAS, aquí te ponemos un enlace que te lleva a esa página que tanto bien realiza prestando este servicio:

 

http://www.liturgiadelashoras.com.ar/

«Las horas señalan el paso del tiempo. Alternativamente se suceden, en la experiencia del hombre, luz y tinieblas, seguridad y peligro, alegría y dolor, presencia del Dios invisible en la creación visible.»

Imagen relacionadaA un hombre que se dedicaba a tallar madera le contrataron en las obras de una catedral.

Hizo unas obras preciosas. Pero, en una de las vigas interiores del techo, talló una imagen realmente espectacular.

“¿Cómo te has esforzado tanto en esto? ¿No te das cuenta de que nadie lo va a ver?”, le dijeron.

“Precisamente por eso”, respondió, “esto es lo que va a ver sólo Dios. Por eso tiene que ser lo mejor”.

¡Qué difícil es el trabajo escondido, cuidar esos detalles de los que nadie va a darse cuenta! Sin embargo, es precisamente ahí donde se demuestra el amor más grande, aquel que actúa sin esperar nada a cambio.

Resultado de imagen de dibujos preso carcelNasser era un joven con una vida difícil inmersa en la delincuencia que le llevó a la cárcel, preso en una celda minúscula y llevando una vida rutinaria.

Totalmente hundido en la tristeza y desesperanza, una noche escuchó una voz en su interior que le decía que estaba sufriendo sin sentido, que nunca había hecho nada bien en la vida y que en realidad nadie le esperaba fuera de la cárcel. Y esa ‘voz’ le ofreció una solución.

Nasser decidió que iba a suicidarse y así pasó aquella noche. “Pero al día siguiente después del paseo, oí pasos y una llave y un guardia me pidió que me acercara porque ‘alguien estaba allí”.

Era la visita inesperada de un ángel, un capellán de unos sesenta años que iba por las celdas. “Nunca olvidaré sus ojos llenos de bondad y caridad. Nunca nadie me había mirado así“. Me dio la mano, nos miramos y me dio una Biblia. La tomé y continuamos mirándonos fijamente.

Cuando se fue tenía la Biblia en la mano. Me senté en la cama y empecé a leer. La lectura se prolongó durante todo el día y los días siguientes. “Allí descubrí a Jesucristo”.

No dejaba de pensar en la conexión entre la escena de aquella voz interior y la llegada de este capellán. “Algo en mí se había abierto, una sensación que nunca había experimentado”.

Tras su conversión todo cambió, desechó ya la idea del suicidio, su vida cobró un sentido nuevo y su día a día rutinario ya no era insoportable. Seguía leyendo la Biblia y llevando la vida de Jesús a su vida.

Cuando salió de prisión decidió bautizarse. “Hoy en día doy gracias todos los días por esta visita inesperada en un momento tan oscuro de mi vida”.

Nasser recuerda que el día de su bautizo alguien le dijo: “ahora eres como un recién nacido”. Y es verdad, “soy una persona nueva. ¡El Señor me recogió del fondo del abismo y me ofrece una segunda vida, una nueva vida!“.

Esta es la clave: ¡Experimentar la misericordia de Dios, capaz de transformar la muerte en vida!