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Era una mañana agitada. Eran las ocho y media, cuando un señor de unos ochenta años llegó al hospital para que le quitaran los puntos de una herida en su mano. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las nueve de la mañana.

Le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vi mirando continuamente su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida.

Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa.

Le pregunté sobre la salud de ella. El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo.

Me sorprendió, y entonces le pregunté: “Y usted sigue yendo cada mañana, ¿aun cuando ella no sabe quien es usted?

El sonrió, me acarició la mano y dijo: “Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella”.

Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba.

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Resultado de imagen de quién está sordoUn hombre llamó a un médico amigo de la familia porque estaba preocupado por su esposa María y le dijo: – “Se está quedando sorda”.

– ¿Cómo que se está quedando sorda?

– Sí, de verdad. Necesito que vengas a verla.

– Bueno, la sordera no es una cosa repentina ni aguda, así que venid el lunes a la consulta y la reconoceré.

– Pero, ¿tú crees que podemos esperar hasta el lunes?

– Está bien, ¿cómo te has dado cuenta de que no oye?

– Pues porque la llamo y no contesta.

– A ver, vamos a detectar el nivel de sordera de María.¿Dónde estás tú?

– En el dormitorio. Y ella en la cocina.

– De acuerdo. Llámala desde ahí.

-¡Maríaaaaa…! No, no me oye.

– Bueno. Acércate a la puerta del dormitorio y grítale desde el pasillo.

-¡Maríaaaaa…! No, ni caso.

– Espera, no te desesperes. Ve a buscar el teléfono inalámbrico y acércate a ella por el pasillo llamándola para ver cuándo te oye.

– ¡Maríaaaaa…!¡Maríaaaaa…!¡Maríaaaaa…! No hay manera. Estoy delante de la puerta de la cocina y la veo. Está de espaldas lavando los platos, pero no me oye. ¡Maríaaaaaaa…! No hay manera.

– Acércate más.

    El hombre entra en la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: “¡Maríaaaaaaa…!”. La esposa, furiosa, se da la vuelta y le dice:

– ¿Qué quieres? ¿¡Qué quieres, qué quieres, qué quiereeeees…!? Ya me has llamado como diez veces y diez veces te he contestado “qué quieres”. Cada día estás más sordo, no sé por qué no vas al médico de una vez…

Cada vez que vemos algo que nos molesta de otra persona, sería bueno recordar que eso que veo, por lo menos (¡por lo menos!), también es mío.

Imagen relacionadaUn cómico americano contaba un día que su primera mujer le había abandonado porque él nunca le había demostrado su amor; nunca había hecho nada espectacular por ella.

Así que con su segunda esposa decidió enmendar el error: escaló altas montañas para bajarle ramos de edelweisses, se sumergió en las aguas de Índico para encontrar las perlas más bellas, viajó hasta las profundidades de China para traerle preciosas sedas…

Y ella… finalmente le dejó porque nunca estaba en casa.

Resultado de imagen de mujer y marido en silla de ruedasUna mujer que llevaba varios años en silla de ruedas golpeó el marco de la puerta al pasar con ella al salón donde estaba su marido.

Enfadada por el golpe, le dijo a su marido: “Eres la única razón por la que quiero liberarme de esta cosa”.

El marido se levantó, la besó en la frente y le dijo: “Cariño, yo ni siquiera la veo”.

Resultado de imagen de dos formas de ver las cosasUn amigo fue con su esposa a una cena con sus ex-compañeros de universidad.

En una mesa cercana había una mujer sentada, totalmente borracha que se mecía con su bebida en la mano. Mi amigo no dejaba de mirar a la mujer.

Su esposa le preguntó: – ¿La conoces? 

– Sí, contestó él-, es mi ex-novia. Supe que se dio a la bebida cuando nos separamos hace algunos años y me dijeron que nunca más estuvo sobria.

– ¡Dios mío! – exclamó su esposa- ¡Quién diría que una persona puede celebrar algo durante tanto tiempo!