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Resultado de imagen de prohibido quejarsePensaba que mi vida no iba bien. Sentía que algo siempre me faltaba. Entonces hablé con Dios.

– Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí las manos que tengo para trabajar.

– Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, pero no agradecí por tener una familia.

– Me quejé cuando no tenía lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer el hecho de tener qué comer.

– Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno por estar parados.

– Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al salir, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener alguna luz encendida.

– Me quejé por no poder dormir un poquito más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.

– Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.

– Me quejé porque no tenía tiempo, cuando me pidieron que diera catequesis sobre Jesús, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de su infinito Amor.

Dios me iluminó en esa conversación y entonces comprendí mi egoísmo y lo ingrato que he sido con Él. Fue entonces cuando comencé a agradecerle todas las cosas que había olvidado, y aún más de aquellas por las que tanto me quejaba.

Recuerda: “Pobre del que, al final del día, no sepa qué agradecer ni a Quien”.
¡Que Dios te bendiga! Y ya sabes… ¡no te quejes!
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Resultado de imagen de dibujo pez pequeño“Usted perdone”, le dijo un pez a otro,”es usted más viejo y con más experiencia que yo, y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado”.

  • “El Océano”, respondió el viejo pez, “es dónde estás ahora mismo”.

“¿Esto?, pero si esto no es más que agua… lo que yo busco es el Océano”, replicó el joven pez totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

¡Abre tus ojos y mira! ¡Deja de buscar fuera lo que está dentro!

Aprovecha tu vida disfrutando de tu familia, tus amigos, tu realidad…

¡Ese es tu océano!

Resultado de imagen de quién está sordoUn hombre llamó a un médico amigo de la familia porque estaba preocupado por su esposa María y le dijo: – “Se está quedando sorda”.

– ¿Cómo que se está quedando sorda?

– Sí, de verdad. Necesito que vengas a verla.

– Bueno, la sordera no es una cosa repentina ni aguda, así que venid el lunes a la consulta y la reconoceré.

– Pero, ¿tú crees que podemos esperar hasta el lunes?

– Está bien, ¿cómo te has dado cuenta de que no oye?

– Pues porque la llamo y no contesta.

– A ver, vamos a detectar el nivel de sordera de María.¿Dónde estás tú?

– En el dormitorio. Y ella en la cocina.

– De acuerdo. Llámala desde ahí.

-¡Maríaaaaa…! No, no me oye.

– Bueno. Acércate a la puerta del dormitorio y grítale desde el pasillo.

-¡Maríaaaaa…! No, ni caso.

– Espera, no te desesperes. Ve a buscar el teléfono inalámbrico y acércate a ella por el pasillo llamándola para ver cuándo te oye.

– ¡Maríaaaaa…!¡Maríaaaaa…!¡Maríaaaaa…! No hay manera. Estoy delante de la puerta de la cocina y la veo. Está de espaldas lavando los platos, pero no me oye. ¡Maríaaaaaaa…! No hay manera.

– Acércate más.

    El hombre entra en la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: “¡Maríaaaaaaa…!”. La esposa, furiosa, se da la vuelta y le dice:

– ¿Qué quieres? ¿¡Qué quieres, qué quieres, qué quiereeeees…!? Ya me has llamado como diez veces y diez veces te he contestado “qué quieres”. Cada día estás más sordo, no sé por qué no vas al médico de una vez…

Cada vez que vemos algo que nos molesta de otra persona, sería bueno recordar que eso que veo, por lo menos (¡por lo menos!), también es mío.

“¡Calma mi paso, Señor!”

Desacelera los latidos de mi corazón, calmando mi mente.

Disminuye mi ritmo apresado con una visión de la eternidad del tiempo.

En medio de las confusiones del día a día, dame la tranquilidad de las montañas.

Retira la tensión de mis músculos y nervios con la música tranquilizante de los ríos de aguas constantes que viven en mis recuerdos.

Ayúdame a conocer el poder mágico y reparador del sueño.

Enséñame el arte de tomar pequeños descansos: reducir mi ritmo para contemplar una flor, charlar con un amigo, acariciar a un niño, leer un poema, oír una música preferida.

Calma mi paso, Señor, para que yo pueda percibir en medio de la incesante labor cotidiana de los ruidos, luchas, alegrías, cansancios o desalientos Tu presencia constante en mi corazón.

Calma mi paso, Señor, para que yo pueda entonar el cántico de la esperanza, sonreír para mi prójimo y callarme para escuchar Tu voz.

Calma mi paso, Señor, e inspírame enterrar mis raíces en el suelo de los valores duraderos de la vida, para que yo pueda crecer hasta las estrellas de mi destino mayor.

¡Gracias, Señor, por el día de hoy, por la  familia que me diste, mi trabajo y, sobretodo, por Tu presencia en mi vida!