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Resultado de imagen de prohibido quejarsePensaba que mi vida no iba bien. Sentía que algo siempre me faltaba. Entonces hablé con Dios.

– Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí las manos que tengo para trabajar.

– Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, pero no agradecí por tener una familia.

– Me quejé cuando no tenía lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer el hecho de tener qué comer.

– Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno por estar parados.

– Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al salir, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener alguna luz encendida.

– Me quejé por no poder dormir un poquito más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.

– Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.

– Me quejé porque no tenía tiempo, cuando me pidieron que diera catequesis sobre Jesús, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de su infinito Amor.

Dios me iluminó en esa conversación y entonces comprendí mi egoísmo y lo ingrato que he sido con Él. Fue entonces cuando comencé a agradecerle todas las cosas que había olvidado, y aún más de aquellas por las que tanto me quejaba.

Recuerda: “Pobre del que, al final del día, no sepa qué agradecer ni a Quien”.
¡Que Dios te bendiga! Y ya sabes… ¡no te quejes!
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Resultado de imagen de san leandro de cartagenaNació en Cartagena, hacia el año 540. Pertenecía a una familia de santos: sus hermanos Isidoro (que le sucedería como Obispo de Sevilla), Fulgencio (Obispo de Écija) y Florentina, le acompañan en el santoral.

Elegido Obispo de Sevilla, creó una escuela, en la que se enseñaban no sólo las ciencias sagradas, sino también todas las artes conocidas en aquel tiempo. Entre los alumnos, se encontraban Hermenegildo y Recaredo, hijos del rey visigodo Leovigildo. Allí comenzó el proceso de conversión de Hermenegildo, que lo llevaría a abandonar el arrianismo y a abrazar la fe católica. Y, también, el enfrentamiento con su padre, que desembocaría en una guerra. A consecuencia de esta guerra, a Leandro le tocó ir al destierro.

Cuando mejoró la situación, pudo volver a Sevilla. Hermenegildo había sido ajusticiado por orden de su padre. Pero este, en los últimos años de su vida, influenciado, sin duda, por el testimonio del hijo mártir, aconsejó bien a su otro hijo, Recaredo, que le sucedería en el trono. El nuevo rey, aconsejado por Leandro, convocó el Concilio III de Toledo, en el que rechazó la herejía arriana y abrazó la fe católica.

A Leandro le debemos no sólo la conversión del rey, sino también el haber contribuido al resurgir de la vida cristiana por todos los rincones de la Península: se fundaron monasterios, se establecieron parroquias por pueblos y ciudades, nuevos Concilios de Toledo dieron sabias legislaciones en materias religiosas y civiles…

Leandro fue un verdadero estadista y un gran santo porque, al mismo tiempo que desarrollaba la labor como hombre de Estado, como obispo llevó una profunda vida religiosa y una dedicación pastoral intensa a su pueblo. Predicaba sermones, escribía tratados teológicos, dedicaba largos ratos a la oración, a la penitencia y al ayuno…

San Leandro fue arzobispo de Sevilla y llevó a cabo el III Concilio de Toledo. Sus restos se encuentran en la Catedral de Sevilla, en el mismo templo que otro murciano ilustre: el rey Alfonso X El Sabio.

Murió el Obispo Leandro, en Sevilla, hacia el año 601.

Su fiesta se celebra el 13 de noviembre.