Cuento el refugioUn explorador viajó hasta la Antártida para realizar una investigación. Allí le sorprendió una fuerte tormenta y se refugió en un iglú donde permaneció unos días.

Conforme pasaba el tiempo allí encerrado creyó estar alucinando, pues sentía que las paredes del iglú se estrechaban.

Este pensamiento le estaba agobiando cada vez más hasta que se dio cuenta de que no alucinaba. En efecto, las paredes del iglú se aproximaban cada vez más a él, pues, como descubrió, la humedad de su propia respiración se adhería al hielo y lo engrosaba.

La ironía lo hizo reír: “Si no salgo pronto de aquí, lo que es mi refugio se convertirá en mi tumba.”

Así nos sucede cuando nos quedamos encerrados en el pecado y todo comienza a estrecharse. Si no salimos de él, puede acabar con nosotros.

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