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Resultado de imagen de estamos de pasoHace mucho tiempo, un turista que visitaba un país fue a conocer a un famoso sabio.

Y se quedó asombrado al ver que la casa del sabio consistía sencillamente en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una mesa y una banqueta.

-“¿Dónde están sus muebles?” -preguntó el turista intrigado-.

-“¿Dónde están los tuyos?” -replicó el sabio-.

-“¿Los míos?. Pero si yo sólo soy un visitante… Estoy aquí de paso…” -dijo el turista-.

-“Lo mismo que yo” -dijo el gran sabio-.

Si tuviéramos presente en todo momento que estamos de paso por esta vida, cambiaría totalmente nuestra forma de vivir.

Somos como turistas en esta vida, estamos de paso, pero el final del viaje es el cielo.

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piedra rioUn monje muy sabio estaba rezando a la orilla del río, cuando llegó un hombre joven y le dio dos enormes perlas, como prueba de respeto y devoción.

El monje abrió los ojos y tomó una de ellas con tan poco cuidado, que ésta rodó hasta caer al río.

Horrorizado, el joven se zambulló en el agua para recuperarla. Buceó sin tregua hasta la noche pero no consiguió dar con ella. Al fin, completamente empapado y exhausto, sacó al monje de su oración y le dijo: ¡Tú viste donde cayó!. ¡Indícame el lugar exacto para que yo pueda encontrarla!

El anciano monje tomó la otra perla, la lanzó al río y dijo: “Justo allí”.

Imagen relacionadaUn pequeño niño quería conocer a Dios. Él sabía que era un viaje largo a donde Dios vivía, así que llenó su maleta de galletas y empezó su viaje.

Cuando había recorrido tres calles, encontró a un hombre de avanzada edad. El hombre estaba sentado en el parque cerca de unas palomas. El niño se sentó a su lado y abrió su maleta, sacó un paquete de galletas para tomárselas y se dio cuenta de que el viejo hombre se veía hambriento, así que le ofreció una galleta.

Agradecido, él aceptó y le sonrió. Su sonrisa fue tan agradable que el niño quiso verla nuevamente así que le ofreció otra galleta. Otra vez, el hombre le sonrió.

¡El niño estaba encantado!

Ellos estuvieron ahí toda la tarde comiendo galletas y sonriendo, pero nunca dijeron ni una palabra.

Cuando oscureció, el niño se sentía cansado y supo que tenía que irse, pero antes de que diera algunos pasos más, se dio media vuelta y corrió hacia el viejo hombre y le dio un fuerte abrazo. Él le dio su sonrisa más grande.

Cuando el niño regresó a su casa y abrió la puerta, su mamá sorprendida por la cara de alegría en su rostro, le preguntó: -¿Qué hiciste hoy que te ves tan feliz?.

Él le contestó: “Comí con Dios”y antes de que su madre pudiera decir una palabra, el niño agregó: “¿Sabes? Dios tiene la sonrisa más hermosa que he visto”.

Mientras tanto, el viejo hombre, también radiante de jubilo, regresó a su casa y su hijo al verlo entrar con el rostro lleno de paz le preguntó: “Papá, ¿qué has hecho hoy que te ves tan feliz?”

El respondió: “Comí galletas en el parque con Dios”. Antes de que su hijo pudiera decir una palabra, el agregó: “¿Sabes? Él es mucho más joven de lo que pensé…”

Muchas veces subestimamos el poder de una caricia, una sonrisa, una palabra amable, el escuchar, o el mínimo acto de preocuparse por alguien… Y todo esto le da sentido a nuestra vida. Las personas llegan a nuestra vida por una razón, en alguna estación y por un tiempo.

¡Disfrútalo!

Hace un tiempo me puse a observar detenidamente la vida de las hormigas, y confieso que quedé asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño. Pero una hormiga en particular atrajo mi atención. Negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.

Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras. Probó cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano. Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito. Con toda habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y asi se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar el abismo. Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y continuó su esforzado viaje sin inconvenientes.

La hormiga supo convertir su carga en un puente, y así pudo continuar su viaje. De no haber tenido esa carga, tan pesada para ella, no habría podido avanzar en su camino…

¿Cuántas veces nos quejamos por los problemas, las cargas y las pruebas que debemos soportar? Pero sin darnos cuenta, esas mismas cargas -bien tomadas- pueden convertirse en puentes y peldaños que nos ayudan a avanzar.

“El brochazo”

Un artista estaba pintando la bóveda de un templo y con frecuencia daba unos pasos hacia atrás en el andamio para contemplar su obra. Se encontraba tan absorto contemplando su trabajo, que no se había dado cuenta de que iba a caer en el pavimento que estaba a gran altura del andamio.

Otro pintor, viéndolo en peligro y comprendiendo que una palabra podría apresurar su caída, arrojó una brocha sobre el cuadro que contemplaba el artista que estaba en peligro.

Este pintor, sorprendido y enojado, violentamente se dirigió hacia adelante, salvándose así de una caída que hubiera sido mortal.

Muchas veces no entendemos que por estar tan absortos en nuestros propios logros, éxitos y ambiciones, damos pasos en falso que podrían destruir nuestras propias vidas y Dios, en su misericordia, interviene para despertar nuestra conciencia dormida.

A veces, Dios lanza su brocha contra el cuadro de nuestra vanidad para advertirnos del grave peligro en que estamos y demostrarnos que nos ama y que más que estar interesado en nuestros éxitos , Él está interesado en nosotros como sus hijos.

La próxima vez que su brocha manche tu cuadro, dale gracias a Dios, porque quizá te haya librado de caerte del andamio.

Resultado de imagen de DIBUJO BAÑERA

Durante una visita a una clínica psiquiátrica, uno de los visitantes le preguntó al director que criterio se usaba para definir si un paciente debería o no ser internado en la clínica.

– “Bueno”, -dijo el director- “hacemos la prueba siguiente: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En función de cómo vacíe la bañera el paciente, sabemos si hay que internarlo o no”.

– “Ah, entiendo” -dijo el visitante- “Una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y que la taza”.

– “No” -dijo el director- “Una persona normal sacaría el tapón. ¿Usted qué prefiere: una habitación con o sin vista al jardín?”

Dedicado.. A todos los que pensasteis en el cubo.

historias de amor El día en el que mis padres
celebraban su
50 aniversario de boda,
mi madre sonrió y le dijo a mi padre:

“Ojalá te hubiera conocido antes”.

La fábula del ganso de los huevos de oro nos advierte que no debemos ser codiciosos.

Un granjero descubrió que tenía un ganso que ponía un huevo de oro cada día.

El granjero comenzó a ganar dinero con el pequeño tesoro que su ganso le ofrecía diariamente.

Sin embargo, un día, se le ocurrió que todo el oro del ganso estaba dentro de su cuerpo y lo quiso todo de una vez.

Así que mató al ganso, lo abrió y descubrió que el interior del ganso era igual que el de cualquier otro ganso ordinario. Y ya nunca recibió más huevos de oro.

Resultado de imagen de cura de arsEl Santo Cura de Ars contaba la siguiente anécdota:

“Un santo dijo un día a uno de sus religiosos:

–    Ve al cementerio e injuria a los muertos.

El religioso obedeció, y al volver el santo le preguntó: – ¿Qué han contestado?
–    Nada.
–    Pues bien, vuelve y haz de ellos grandes elogios.

El religioso obedeció de nuevo.

 –    ¿Qué han dicho esta vez?
–    Nada tampoco.
–    ¡Ea!, replicó el santo, tanto si te injurian, como si te alaban, pórtate como los muertos.

“No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios. Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él…”

(Santa Faustina Kowalska)

  • Resultado de imagen de dibujos sableUn campesino que no tenía con qué alimentar a su familia recordó la costumbre que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable. Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafió al maestro más famoso de la región.
El día fijado, ante numeroso público, los dos hombres se enfrentaron. El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo esperó a pie firme, mientras que el maestro de sable, estaba un poco turbado por tal determinación.
  • — ¿Quién será este hombre?, pensaba. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?
El campesino, acuciado por el hambre, se adelantó resueltamente hacia su rival.
  • El maestro dudó, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario.
Finalmente, retrocedió movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro sintió que sería vencido. Bajó su sable y dijo:
  • — Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que con un solo gesto da diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?
— La escuela del hambre –respondió el campesino.