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Imagen relacionadaNicolo Paganini es considerado como uno de los más grandes violinistas de todos los tiempos.

Se cuenta que en cierta ocasión se dispuso a actuar en un gran teatro lleno de público que le recibió con una gran ovación.

Cuando levantó el arco para empezar a tocar su violín, se dio cuenta, consternado, que no era el suyo.

Para un músico como él esto era inaudito y se sintió muy angustiado sin su querido violín. No obstante, comprendió que no tenía otra alternativa que iniciar el concierto y empezó a tocar.

Se cuenta que ese fue el mejor concierto de su vida. Una vez terminada la actuación, y ya en su camerino, Paganini, hablando con otro músico compañero suyo, le hizo la siguiente reflexión:

Hoy he aprendido la lección más importante de toda mi carrera. Hasta hace escasos momentos, creía que la música estaba en el violín, pero me he dado cuenta de que la música está en mi y que el violín sólo es el instrumento por el cual mis melodías llegan a los demás.

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“El violín”

Resultado de imagen de violínSe cuenta que un pobre hombre se ganaba la vida con un violín. Iba por los pueblos, comenzaba a tocar y la gente se reunía a su alrededor. Tocaba y al final pasaba entre la concurrencia una agujereada boina con la esperanza de que algún día se llenara. Cierto día comenzó a tocar como solía, se reunió la gente, y salió lo de costumbre: unos ruidos más o menos armoniosos. No daba para más ni el violín ni el violinista.

Pasó por allí un famoso compositor y virtuoso del violín. Se acercó al grupo y al final le dejaron entre sus manos el instrumento. Con una mirada valoró las posibilidades, lo afinó, lo preparó… y tocó una pieza asombrosamente bella. El mismo dueño estaba perplejo y lleno de asombro. Iba de un lado para otro diciendo:
– ¡es mi violín…!, ¡es mi violín…!, ¡es mi violín…!- Nunca pensó que aquellas viejas cuerdas encerraran tantas posibilidades.

No es difícil que cada uno de nosotros, profundizando un poco en sí mismo, reconozca que no está rindiendo al máximo de sus  posibilidades. Somos en muchas ocasiones como un viejo violín estropeado, y nos falta incluso alguna cuerda. Somos… un instrumento flojo, y además con frecuencia desafinado. Si intentamos tocar algo serio en la vida, sale eso…unos ruidos faltos de armonía. Y al final, cada vez que hacemos algo, necesitamos también pasar nuestra agujereada boina; necesitamos aplausos, consideración, alabanzas…

Nos alimentamos de esas cosas; y si los que nos rodean no nos echan mucho, nos sentimos defraudados; viene el pesimismo. En el mejor de los casos se cumple el refrán: “Quien se alimenta de migajas anda siempre hambriento”: no acaban de llenarnos profundamente las cosas.

¡Qué diferencia cuando dejamos que ese gran compositor, Dios, nos afine, nos arregle, ponga esa cuerda que falta, y dejemos que Él toque! Pero también en la vida terrena existen violinistas que nos pueden afinar; un amigo, un compañero, un maestro, nuestro director espiritual, o cualquier persona de la que podamos obtener conocimientos, un consejo, una buena idea,  una corrección fraterna, y quedaremos sorprendidos de las posibilidades que había encerradas en nuestra vida.