Category: Salmos


Señor, has sido bueno con tu tierra, Resultado de imagen de muestranos señor tu misericordia y danos tu salvacion
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira.

Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad?

¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.

Anuncios

Resultado de imagen de salmo 94Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y práctica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Yo tengo mi refugio en el Señor,
¿cómo podéis decirme entonces:
“Escapa a la montaña como un pájaro,
porque los malvados tienden su arco
y ajustan sus flechas a la cuerda,
para disparar desde la penumbra
contra los rectos de corazón?
Cuando ceden los cimientos,
¿qué puede hacer el justo?”

Pero el Señor está en su santo Templo,
el Señor tiene su trono en el cielo.
Sus ojos observan el mundo,
sus pupilas examinan a los hombres:

el Señor examina al justo y al culpable,
y odia al que ama la violencia.

Que Él haga llover brasas y azufre
sobre los impíos,
y les toque en suerte un viento abrasador.
Porque el Señor es justo y ama la justicia,
y los que son rectos verán su rostro.

¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Quiero adorar tu majestad sobre el cielo:
con la alabanza de los niños
y de los más pequeños,
erigiste una fortaleza contra tus adversarios
para reprimir al enemigo y al rebelde.

Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado:

¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies:
todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.

¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Salmo de David. Cuando huía de su hijo Absalón.

Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios,
cuántos los que se levantan contra mí!

¡Cuántos son los que dicen de mí:
“Dios ya no quiere salvarlo”!
Pero tú eres mi escudo protector y mi gloria,
tú mantienes erguida mi cabeza.

Invoco al Señor en alta voz
y él me responde desde su santa Montaña.

Yo me acuesto y me duermo,
y me despierto tranquilo
porque el Señor me sostiene.

No temo a la multitud innumerable,
apostada contra mí por todas partes.

¡Levántate, Señor!
¡Sálvame, Dios mío!

Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos
y rompes los dientes de los malvados.

¡En ti, Señor, está la salvación,
y tu bendición sobre tu pueblo!

¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.

Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;

porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

Señor, tú me escrutas y conoces; sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos; esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.

Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Señor, la conoces entera; me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano.

 Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla.

 ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?

Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te encuentras.

Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar, también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende.

Aunque diga: «¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un ceñidor, ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día.

Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras.

Mi alma conocías cabalmente, y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra.

Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno solo de ellos.

Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos, oh, Dios, qué incontable su suma!

¡Son más, si los recuento, que la arena, y al terminar, todavía estoy contigo!

¡Ah, si al impío, oh Dios,  mataras, si los hombres sanguinarios se apartaran de mí! Ellos que hablan de ti dolosamente, tus adversarios que se alzan en vano.

¿No odio, Señor, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti? Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.

Sóndame, oh Dios, mi corazón conoce, pruébame, conoce mis desvelos; mira no haya en mí camino de dolor, y llévame por el camino eterno.

Imagen relacionadaProtégeme, Dios mío, que me refugio en ti; 
yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. 
Los dioses y señores de la tierra 
no me satisfacen. 

Multiplican las estatuas 
de dioses extraños; 
no derramaré sus libaciones con mis manos, 
ni mis labios pronunciarán sus nombres.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; 
mi suerte está en su mano: 
me ha tocado un lote precioso, 
me encanta mi heredad.

Bendigo al Señor, que me aconseja, 
hasta de noche me instruye internamente. 
Tengo siempre presente al Señor, 
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, 
se gozan mis entrañas, 
y mi carne descansa serena. 
Porque no me entregarás a la muerte, 
ni dejarás a tu amigo conocer la corrupción. 

Me enseñarás el camino de la vida, 
me saciarás de gozo en tu presencia, 
de alegría perpetua a tu derecha.