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Imagen relacionadaEl diablo se apareció un día a San Mauricio:

 

– “Todo lo que tú haces, lo hago también yo, dijo Satanás

al solitario de la Tebaida. Tú ayunas, y yo no como nunca;

tú velas, y yo jamás duermo.”

 

– “Una cosa hago yo que tú no puedes hacer” – contestó Mauricio.

 

– “¿Y cuál es?”

 

– “¡Humillarme!”.
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Resultado de imagen de madre teresa de calcutaUna señora, impresionada por ver a la Madre

Teresa de Calcuta bañar a un leproso, le dijo:

– “Yo no bañaría a un leproso ni por un millón

de dólares”.

La Madre Teresa le contestó:

– “Yo tampoco porque a un leproso solo se

le puede bañar por amor”.

 

Resultado de imagen de dibujos padre pío de pietrelcinaUna tarde, el Padre Pío de Pietrelcina estaba en cama y lo asistía

su sobrino Mario.

El tío le dijo: – Mario, tráeme el arma.

El sobrino buscó por aquí y por allá en la celda, sobre la mesa,

en el cajón.

– Pero tío, no encuentro ningún arma.

– Mira en el bolsillo de mi hábito.

El sobrino buscó en el amplio bolsillo, y nada. ¡Tío, está sólo la

corona del rosario!

– ¡Muchacho! ¿No es esa el arma?

 “El Rosario es un arma poderosa entregada por la Virgen María”
(San Juan Pablo II)

 

Santo Tomás de Aquino fue el autor de la Suma Teológica.Resultado de imagen de santo tomas de aquino

Toda su vida trató de dar una respuesta a la pregunta

“¿qué es Dios?”.

Al final de su vida, le fue concedida una profunda

experiencia de Dios.

Ante este hecho, el santo le pidió permiso a su superior

para quemar todos sus escritos:

“Todo lo que he escrito lo considero como paja

comparado con lo poco que he visto del Cielo…”

 “Si lo comprendieras, no sería Dios”
(San Agustín)

Resultado de imagen de san martín de porresEn el convento del Rosario donde vivía fray Martín de Porres con otros frailes dominicos, se produjo un día un grave aprieto económico, y el prior tuvo que salir con algunos objetos preciosos para tratar de conseguir algún préstamo.

Al enterarse, corrió a alcanzarle para evitarlo. Él sabía que los negros vendidos como esclavos eran bien pagados, hasta unos mil pesos. Mejor, pues, que desprenderse de objetos preciosos del convento, era otra solución:

–     Padre, yo pertenezco al convento. Disponga de mí y véndame como esclavo, que algo querrán pagar por este perro mulato y yo quedaré muy contento de haber podido servir para algo a mis hermanos.

Al prior se le saltaron las lágrimas:

–     Dios se lo pague, hermano Martín, pero el mismo Señor que lo ha traído aquí se encargará de remediarlo todo.

Imagen relacionadaEn cierta ocasión, siendo San Bernardo un joven muy elegante, de buen aspecto, y cuando todavía no había entrado en la vida monástica, se  encontraba cabalgando lejos de su casa con varios amigos, hasta que cayó la noche, por lo que tuvieron que buscar hospitalidad en una casa.

La dueña los recibió bien, e insistió en que Bernardo, como jefe del grupo, ocupase una habitación separada. Durante la noche, la mujer se presentó en la habitación con intenciones deshonestas. Bernardo, en cuanto se dio cuenta de lo que se avecinaba, fingió con gran presencia de ánimo creer que se trataba de un intento de robo, y con toda su fuerza empezó a gritar:

–  ¡Ladrones, ladrones!

La intrusa se alejó rápidamente. Al día siguiente, cuando el grupo se marchaba cabalgando, sus amigos empezaron a bromear acerca del imaginario ladrón, pero Bernardo, contestó con toda tranquilidad:

–  No fue ningún sueño. El ladrón entró indudablemente en la habitación, pero no para robarme el oro y la plata, sino algo de mucho más valor.

Resultado de imagen de san francisco javierSan Francisco Javier es el patrono de las misiones… Pasó por muchas países predicando el Evangelio… 

En una ocasión dijo:

    –    Si no encuentro una barca iré nadando.

Y al ver la apatía de ciertos cristianos ante la necesidad de evangelizar comentó:

    –    Si en esas islas hubiera minas de oro, los cristianos se precipitarían allá. Pero no hay sino almas para salvar…

Edith Zirer, judía que vive en las afueras de Jaifa, cuenta cómo fue liberada del campo de concentración de Auschwitz cuando tenía 13 años de edad. Había pasado allí tres.

“Era una gélida mañana de invierno de 1945, dos días después de la liberación. Llegué a una pequeña estación ferroviaria entre Czestochowa y Cracovia. Me eché en un rincón de una gran sala donde había docenas de prófugos, todavía con el traje a rayas de los campos de exterminio.

Él me vio. Vino con una gran taza de té, la primera bebida caliente que probaba en varias semanas. Después me trajo un bocadillo de queso, hecho con un pan negro, exquisito. Yo no quería comer. Estaba demasiado cansada. Me obligó.

Imagen relacionadaLuego me dijo que tenía que caminar para poder subir al tren. Lo intenté, pero me caí al suelo. Entonces me tomó en sus brazos y me llevó durante mucho tiempo, kilómetros, a cuestas, mientras caía la nieve.

Recuerdo su chaqueta de color marrón y su voz tranquila que me contaba la muerte de sus padre, de su hermano, y me decía que también él sufría, pero que era necesario no dejarse vencer por el dolor y combatir para vivir con esperanza…
Su nombre quedó grabado para siempre en mi memoria: Karol Wojtyla…”

Resultado de imagen de Edith Zirer

“La única tragedia

que nos puede pasar

es no ser santos.”

(San Juan Pablo II)

Resultado de imagen de san leandro de cartagenaNació en Cartagena, hacia el año 540. Pertenecía a una familia de santos: sus hermanos Isidoro (que le sucedería como Obispo de Sevilla), Fulgencio (Obispo de Écija) y Florentina, le acompañan en el santoral.

Elegido Obispo de Sevilla, creó una escuela, en la que se enseñaban no sólo las ciencias sagradas, sino también todas las artes conocidas en aquel tiempo. Entre los alumnos, se encontraban Hermenegildo y Recaredo, hijos del rey visigodo Leovigildo. Allí comenzó el proceso de conversión de Hermenegildo, que lo llevaría a abandonar el arrianismo y a abrazar la fe católica. Y, también, el enfrentamiento con su padre, que desembocaría en una guerra. A consecuencia de esta guerra, a Leandro le tocó ir al destierro.

Cuando mejoró la situación, pudo volver a Sevilla. Hermenegildo había sido ajusticiado por orden de su padre. Pero este, en los últimos años de su vida, influenciado, sin duda, por el testimonio del hijo mártir, aconsejó bien a su otro hijo, Recaredo, que le sucedería en el trono. El nuevo rey, aconsejado por Leandro, convocó el Concilio III de Toledo, en el que rechazó la herejía arriana y abrazó la fe católica.

A Leandro le debemos no sólo la conversión del rey, sino también el haber contribuido al resurgir de la vida cristiana por todos los rincones de la Península: se fundaron monasterios, se establecieron parroquias por pueblos y ciudades, nuevos Concilios de Toledo dieron sabias legislaciones en materias religiosas y civiles…

Leandro fue un verdadero estadista y un gran santo porque, al mismo tiempo que desarrollaba la labor como hombre de Estado, como obispo llevó una profunda vida religiosa y una dedicación pastoral intensa a su pueblo. Predicaba sermones, escribía tratados teológicos, dedicaba largos ratos a la oración, a la penitencia y al ayuno…

San Leandro fue arzobispo de Sevilla y llevó a cabo el III Concilio de Toledo. Sus restos se encuentran en la Catedral de Sevilla, en el mismo templo que otro murciano ilustre: el rey Alfonso X El Sabio.

Murió el Obispo Leandro, en Sevilla, hacia el año 601.

Su fiesta se celebra el 13 de noviembre.

Imagen relacionadaSan Fulgencio nació en Cartagena, en España, hacia la mitad del siglo VI (sobre el año 540). Severiano, su padre, inmediatamente después de la invasión bizantina de Cartagena huyó, hacia el 554, a Sevilla, llevando consigo a su mujer y a sus hijos Leandro, Fulgencio y Florentina, mientras que Isidoro nació en el exilio sevillano, entre el 560 y el 70. Muertos los dos padres, quedó como cabeza de familia el mayor, Leandro, que cuidó de la formación humana y literaria de Fulgencio y de Isidoro, apoyado este último, puesto que era el más pequeño, por Florentina.

La suya fue una familia de santos hermanos españoles. San Fulgencio, conocido como obispo de Astigi (Écija), en Andalucía, tuvo como hermanos a san Leandro, obispo de Sevilla (+ 600), al gran Isidoro, obispo también de Sevilla (+ 636), doctor de la Iglesia, y a santa Florentina (+610), abadesa benedictina.

De san Fulgencio no tenemos noticias ciertas sobre su juventud, pero en el 610 era ya obispo de Astigi, hacia sus 50 años, antes de lo cual debió haber sido también él, como Leandro, monje benedictino, y probablemente abad. En el 610, con su firma, suscribe el decreto del rey Gundemaro (610-614), que constituia la provincia de Toledo, recortando su territorio del de Cartagena, bajo dominio bizantino en ese momento.

A diferencia de sus otros dos hermanos, de su episcopado no se sabe demasiado, a pesar de que duró unos 20 años. La última fecha cierta de su vida es el 619, cuando toma parte del concilio provincial de Sevilla, presidido por su hermano Isidoro, donde fueron tratados por primera vez en un concilio español problemas relativos a las circunscrpciones eclesiásticas y a la disciplina sacramental, sobre la base de argumentaciones fundadas en el Derecho Romano.

A petición suya, su hermano Isidoro redactó una de sus grandes obras, «De origine officiorum sive de ecclesiasticis» (conocido en castellano como «Tratado de los oficios eclesiásticos»).

Sus reliquias enseguida fueron reunidas con las de su hermana. A causa de las invasiones árabes, en el siglo VIII, los cristianos de Écija las escondieron, y fueron reencontradas hacia 1330 en los montes de Guadalupe (Cáceres), y trasladadas por los fieles a la iglesia de Berzocana, de la diócesis de Plasencia, donde fueron conservadas con gran veneración hasta el 1592, cuando la ciudad de Cartagena pidió al rey Felipe II las reliquias de los dos hermanos.

El prior del monasterio de Guadalupe, por órdenes del rey, tomó cuatro grandes huesos y los envió a la iglesia catedral de Cartagena; otros pasaron al monasterio del Escorial, y a las catedrales de Murcia y de Ávila.

En la Archidiócesis de Sevilla se celebra la memoria de San Fulgencio de Écija el 16 de Enero. Hermano de los santos Leandro, Isidoro y Florentina. Su padre era un aristócrata visigodo. Y los cuatro hermanos serán conocidos como los cuatro santos de Cartagena, donde nacieron.

Fulgencio murió en el año 632.

Sus hermanos Leandro e Isidoro serán ambos Arzobispos de Toledo y Sevilla. Y Fulgencio
lo será de Écija (que en el siglo VI era sede episcopal). Se caracterizó por su elocuencia y facilidad de palabra en sus sermones y exhortaciones. Recaredo, rey visigodo artífice de la unidad católica de España, le encomendará varias misiones en su reinado. Fue elevado a  Doctor de la Iglesia  por el Beato Papa Pío IX. Es patrón de las diócesis de Plasencia y Cartagena.